jueves, 31 de enero de 2013

OBJETOS MUERTOS

Imagen tomada del FB de Ángela Moreno Gutiérrez





OBJETOS MUERTOS




When the daylight is falling down into the night…
SCORPIONS




En la antesala de las axilas, la guitarra muerta de la fatiga,
el petate de tierra sin provisiones, la sartén soportando el cadáver
del reloj y todos aquellos días
inverosímiles de la fogata víctima del ojo descuajado de las estatuas.
Mientras camino,  la herrumbre del patriotismo se clava en mis sienes: el frio
es violento como las bisagras cortadas a despecho de los zaguanes;
frente al derroche de la medicina forense,
los cadáveres muestran sus mejores poses, la estética enfangada del verdugo,
la noche de los castillos de naipe que acecha las sienes de manera insolente.
Siempre procuré que las palabras no tuviesen bostezos;
ahora ya no estoy seguro después de ver que el humo
sube a las escaleras y el falso estupor juega a ser azúcar.
No tengo respuestas
más allá de las piedras que golpean todos los días los zapatos.
Sólo hay vacíos en los colchones mordidos por la saliva,
largas espinas opulentas como el hambre,
la esquizofrenia del cascajo en el crepúsculo de los rieles del llanto.
Cada pensamiento delira entre moscardones,
¿serán los trenes los que laven mis ojos cuando el viento taladra los vagones,
las ventanillas inciertas entre tanta aglomeración?
No te me murás en mis manos,
—te he dicho tantas veces, cuando la sangre necesita
de aspirinas para no coagularse—; pero la sombra sigue con su vena rota,
sigue el parche poroso sobre las costillas debido al mal aire que me provocan
tus encajes al bajar a la ráfaga del parpadeo.
Hay algas muertas colgando de las mochetas
del horizonte, y sábanas de olvidadas aguas.
El aliento ha bajado hasta el silencio de la piedra: en el eje de la inclemencia,
el miedo a que también las palabras se conviertan en remedo de la sangre.
Entre tantos objetos muertos, disonantes del resuello,
el peñasco ilegible del ajo,
y los días con voz y vómito sobre las baldosas.
Para tanta indigencia en la boca, la espesura de cascos en los dientes,
todas las peluquerías debajo del cascajo, el golpe de las tenazas,
los mudos apéndices de las agendas de gobierno, la anarquía del sigilo
en la fosa colectiva de las grietas del espejo.
Entre la sombra y la fosforescencia, la sal del trastorno, y los residuos
de mercado  con sus escamas podridas, —ante el destrozo y la demencia,
el güiscoyolar pedregoso en medio de los pies, el azote del suburbio.

Para explicármelo todo, me resisto al estruendo y a las falacias…

Barataria, 29.I.2013



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