viernes, 8 de febrero de 2013

ESPUMARAJO

Imagen cogida de infojardín.com





ESPUMARAJO




Vint-il à sa rencontré
Survint-il à la rencontre manquée…
SALVADOR PUIG




Sólo queda el espumarajo en escarcha rota al borde de los adioses
que habitan las ramas de las palabras en la palidez de caballos
tejidos en la tormenta.
En el castillo de naipes quebrado por el espejo, huyen las tarjetas
postales de los combatientes, —no hay indulgencia para este afán de cornisas,
ni bujías para rituales venideros, cuando el aposento es sediciosa malquerencia, 
en este abandono de noches prolongadas.
En la antesala de las aguas de la linterna, la sien consumida del musgo,
los días, los días en la alambrada de la grieta,
el tintineo insomne de la respiración al borde del espumarajo
como ese rocío pestilente del moho.

Así, eructamos los muertos de cada día o simplemente los echamos a andar
por el mundo después de abrir la aldaba del nosotros.

En cierto modo, uno ya no se puede fiar de las palabras: sangran
los abanicos negros en la puertas, la saliva que jamás vuelve a la boca,
sino a la habitación del duelo, justo en la esplendidez del ataúd.
Para esta migración de vértigos, la aldaba húmeda de las degolladuras.

(¿Quién puede dejar de ser humanidad aún en la sordidez? —Todavía suena el polvo dondequiera, la saliva troca los zumbidos, la llama líquida llega hasta el living room de la urdimbre del cielo. A veces la penuria es una mosca de aprendiz de señuelo; estoy floreciendo en la intemperie como un mercado ambulante: fluyen las poluciones como el ala sorda del costado. Alguien seguramente dictará la próxima lección del catecismo animista. Mientras, hurgo en la sala de emergencias de la marea desollada.)
Barataria, febrero de 2013



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