domingo, 10 de febrero de 2013

FIL DE L’HORIZONT


Imagen tomada de miswallpapers.net





FIL DE L’HORIZONT




Cada vez pierdo la brújula al filo de este horizonte de pañuelos.
La saliva siempre es un relieve del estanque de los ataúdes,
de esas geometrías donde se simulan párpados y pálpitos, —días inciertos,
y a  veces ventanas desfondadas.
En la piel descansan las edades de las sombras,
y el puñado de sofocos que dicta la hojarasca, —la piedra que permanece,
muda y violenta, dentro del monólogo del candado.
Una palabra cruza la posteridad y los pretéritos, el confín del aletazo
Entre flechas, la embriaguez interior de las habitaciones.

Nadie me devuelve al brebaje del subibaja de las poleas.
Nadie. Nadie junto a mi disfraz metafísico.
En la palma de mi mano repaso las cenizas de mis pensamientos,
lo insondable y lo inesperado, —que ya estoy hecho para esta sábana
de contrarios: el horizonte
es un salto de moscas hacia el abismo, el presente ambiguo que comienzo
cada día como el infierno de Ulyses:
no hay tregua en el grito de la roca, sólo cascos que se abren en el surco.
En el vuelo de mis palabras oscuras, los paraguas amargos del ala.

(Todo es aquí, sueño y tiempo: en la otra orilla, las poleas al vértice del cuello, los peces desmontables de las pupilas, las escaleras hacia la indiferencia de las catacumbas. ¿Quién me dio pantalones para encanecer en medio de las navajas y ceñir mi sombra a la dureza del enigma? Cada vez me acecha el murmullo de las vocales movedizas de la materia, el vacío enroscado en el pájaro de mis arterias, cada vez el arado en lo visible de las estrellas. De vez en cuando me visto con los absurdos, así queda escrito en la partida nacimiento del bautismo.)
Barataria, febrero de 2013

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