viernes, 15 de febrero de 2013

HÁBITO NOCTURNO

Imagen tomada de purasletras.wordpress.com





HÁBITO NOCTURNO




(Siempre estoy al límite de la pared de las telarañas, tierra donde las aguas de la noche son castas. Allí, levanto el telón y dejo volar las gaviotas, la boca embriagada de sombras. —siempre borrosas las calles anuentes de la bruma, y el resuello que vuelve heréticas las sábanas. A quemarropa los espectros en el aliento, quemo el trote para reavivar la brasa, la mujer oculta que deslía mis pálpitos. Junto a la ventana bracea el poniente, las estrellas prolongan sus esquinas de barrilete, la infinitud siempre es un siglo de instantes detenido en el aliento.)

¿Qué relieves sofocan el retablo en desbanda de sombras? Me quedo.
Platico serenamente con este revoltijo de cosas,
azuzo la sábana del dardo que abre su ojo de carnicería,
vuelco toda mi carne en la soledad recogida, frente al éter del calvario;
todavía, —debo decirte— hace falta el absoluto de los espacios inacabados,
la imagen que tenemos de la tristeza o la nostalgia,
las palabras que habré de salvar
en el preciso momento de la fiebre del espejo: voy como van los ojos
mordidos por el crimen, en un día donde festejamos la fundación de la culpa.

Camino pensando en las compuertas por aquello de la destrucción del polen.

Barataria, febrero de 2013



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