jueves, 7 de febrero de 2013

HOJARASCA

Foto de ACS Evenimente Foto-Video, cogida del FB de Ludmila Paciulia 





HOJARASCA





Hemos acumulado tantas sombras, que es  difícil ver los puñales
que atraviesan las ingles. En cada palabra habitan estériles palabras,
negras sábanas de viajes inconclusos, largas arenas como espadas,
Furias que nunca pudo aplacar la tormenta:
alumbra la noche su hora nona, el demonio a la diestra con esa máscara
de carcelero intemporal. Con ese quinqué oscuro de sobremesa.
Entre los diversos cabildeos, sólo fueron visibles las uñas de los féretros,
Y la soga colgando del cuello de la noche.

(En la gran Metrópoli también hay enanos. He aquí la sinestesia y la paradoja, lo irreconocible del regazo después de haber vulnerado la caldera del hambre, la orilla inocente del abismo. Para golpe de engaños o ficciones, me quedo con la naranja mecánica y los sombreros intratextuales de Fahrenheit, o con “La señal en el cielo” de Agatha Christie.  O embalsamar el “Yo, robot” de Asímov. Al final, entonces, hablo con la esfinge.)

Voy a partir desde los desdenes del subsuelo. Desde el juez y parte del olvido,
desde la hoja yerta del combate, sin más atuendos que las luciérnagas,
sin más cansancio que las palabras en la tarde.
Nunca fue fiable, —lo sé ahora— esta felicidad de ermitaño.
Tuve que andar en medio de la tormenta para darme cuenta del cieno,
tuve que dormir en los andenes para conocer el sonidos de todos
los transeúntes: así, devorado el luto, ya no me asusta la vida.

Barataria, 08.II.2013



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