jueves, 14 de febrero de 2013

NEBLINA

Imagen cogida de nossomundo.bligoo.com.br




NEBLINA




(En los estrechos hilos del grito, el peso metálico de los días ásperos: las ausencias, por ejemplo, las ventanas oscuras de los poros de las palabras, la sartén ciega que revienta en la mesa de noche, aquella piedra camino abajo del ombligo. A veces el patíbulo es materia sin forma, la aorta de las sombras colgada de la pared. ¿Tienen música los zapatos en esta densidad de puertas anochecidas? Siempre la carpintería de la tinta en lo inaudito. Siempre los huesos como un horizonte de miedos. Siempre las esquinas con olores apocados.)

Algo causa escozor a la hora del cansancio, el almácigo de la neblina,
el desplome de los pájaros en las pupilas;
—Algo ya no es aunque lo parezca: los espacios en los silencios de la sed,
la música destruida de la luz sólo en los recuerdos,
(quizá el puñado de sangre en el frenesí de la boca) —hundidos los labios
negros de la noche, los dientes helados que antes no supieron de melancolías:
algo pervive dentro de los límites de la fugacidad de las aguas,
algo se extingue para volver a palpar el dolor,
algo irrumpe siempre en la conciencia como una pestaña de relámpagos.

Guardo desde el ataúd de las provocaciones, la certidumbre de los ojos
sobre el palo ensebado que sostiene las escaleras:
si bien resbalan los ojos, hay un intento cada día por ver la luz…

Barataria, febrero de 2013



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