domingo, 3 de marzo de 2013

ALMIDÓN

Fotos de Grigorescu Ciprian, cogida de su FB




ALMIDÓN




(Otra vez aquí, pegando las esquinas del reloj pendular con el engrudo del desvarío, sin más imperativos que la intermitencia de los imposibles: es intenso el oleaje de la tinta de este aprendiz de alquimista o alfarero. Enmudezco ante los espasmos del arbitrio, una sombra y otra hasta el cuello, el mismo pantano blanco de los equívocos y la propia indigencia obstinada a levantar el polvo de las remembranzas. Parece cal viva este paisaje de pespuntes bajo el ala que arrastra las palabras, deletreo en cielo de polvo la araña tardía de los brazos y la ropa cansada de sobresaltos. Trepo a las vértebras disueltas del sonambulismo enredado en el guacal de la horchata de la desesperación: es blanco sin embargo este juego de patinar en lo profundo del horizonte, sin más municiones que esta extraña sensación de sombreros sepultados.)

Ante cada destello, asfixian los fines de semana. Despierto resuena
el polvo en mis ojos, —los diferentes oficios ciegos en la ventana,
esa ficción del polvo que a ratos parece inmune:
me río ante el pulso que sofoca mis manos, el nutrido apogeo de la palabra,
el imperio sacro de la tentación descalza, el pavor de las estatuas
y los montepíos, la historia en las calles que desangra hasta el aliento.
Este magnetismo, emerge del profundo desvelo,
recapitula los andenes, 
es así como se abre a la respiración de la sombra desgastada,
visceral de la sábana póstuma, íngrima después de todo la transparencia,
los zapatos anónimos que se disgregan en el oficio del telar.
Hecho el pegamento, ya no entran los insectos de la vigilia, ni las llaves
de la cerradura se escinden…

Barataria, 19.II.2013



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