viernes, 1 de marzo de 2013

ERRATAS

Imagen cogida de la red




ERRATAS




En todo caso, adiós dirá mi ruido y adiós repetirás,
visión sentada junto a mí y con el fin del mundo sobre las rodillas.
ROSAMEL DEL VALLE




Ahora, a riesgo de ser otra errata, las visiones negras en medio de la lluvia, lo que es la fantasía y la realidad: me declaro impotente. No puedo conciliar ninguna.  El sesgo siempre produce trabajos innecesarios, los trenes de la utopía me oprimen, el silbato de la culpa escupe su telaraña sin oxígeno. Sopla en vientos contrarios el cenote de la concavidad, el sofoco de los goznes en el paladar, esa manía del tacto sobre la vicisitud de los andenes. Supongo que debo clausurar la locomotora de los ojos, olvidarme del olvido de los moluscos, quitar de la mesa los puchitos de nostalgia, reír si es posible ante el estrabismo que produce el péndulo del más allá, antes de que las vértebras hinquen sus congojas. Necesito deshabitarme de toda la herrumbre, de mis aullidos y estertores, del agua oscura del café del resuello, de la alforja intermedia de mis codos: necesito sentirme liviano después de tantas grietas acumuladas, de lo contrario deberé callar a mitad de todo, sin un atajo para el viaje de regreso. En mi mundo no pueden haber sueños paralelos, ni salmos que trepen a los eucaliptos, ni proclamas de adviento de última hora, ni sastrerías en medio de la noche que aúllen de entrepiernas. Pido disculpas por los senderos ocultos en que he caminado, nunca la faena tuvo los albañiles necesarios, en la oscuridad la mala costumbre de los aperos, el aceite quemado hasta el cuello del vacío. Rezo en el polen que acelera mis pasos: siempre hay necesidad de partir antes del reparo; no hay necesidad de anteojos oscuros para caminar en línea recta, ni hacer uso de los tiempos perfectos para asistir a la mesa de la puerta de las geometrías. Los aleluyas siempre ahogan a corto plazo la dentadura. ¿Tengo razones para encontrar jardines en algún libro? Rehúyo a todas mis erratas, al mutuo tiempo de caballos y lloviznas, al riel cansado de los trenes bajo la ducha del calendario. Cualquier ausencia es mejor que una caricatura. Conozco los rituales de los centímetros de hollín, el pie hasta el cuello de las profanaciones, el ala rota del panal de la sonrisa. Ahora sólo quiero encontrar la linterna en el extremo norte del tejado, respirar el desahogo, despedirme de las trincheras para envejecer degustando el calor propio del fogón que deviene de la ropa limpia. Quiero responder sólo a mi voz. ¿Hay otra manera para conquistar la libertad que la de liberar los propios disparos de la conciencia? Sólo sé que busco otros lugares donde el viento no ensordezca lo que ahora dejo: desembarco callado de palabras. Entre mi calma y la sed, los zapatos nuevos de la síntesis, la intención de responder con una sonrisa al vejamen, las manos que al despedirse rejuvenecen de horas. También dejo, junto a mis erratas, el haber ganado la conciliación conmigo mismo. Cruza la noche con sus estertores, viene la nueva travesía con sus resarcimientos. He ganado la albahaca de las carpinterías…

Barataria, 16.II.2013


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