miércoles, 27 de marzo de 2013

FIN DE LA PASIÓN

Imagen cogida de la red





FIN DE LA PASIÓN





Ante el fin del aliento, la brasa ciega en su asfixia, el despojo que delata
el tránsito de la llama. (Siempre uno es aprendiz aunque la muerte sea
vitalicia, aunque el sonambulismo sea perenne.)
—Aquella hora sombría colgada de las paredes se hace cierta.
¿Es el invierno un ejercicio de la deshora?
¿En el azadón cuántos contrapesos tiene el llanto, la cuesta abajo
del desprendimiento, la sed desclavada de la boca?
Llevamos, sin embargo, el peso de la memoria, y los nombres refundidos
en un solo quebranto: es absoluto el túnel que me aqueja;
(El tiempo entre las calles del sexo. El fin en lo oscuro. La tumba que espera
El evangelio. Las arduas funerarias de la perplejidad.)
La fuerza del hechizo siempre nos torna en aguas mortales: no hay aforismo
que libre la batalla, ni pregunta que absuelva el aliento, ni fuerza
que desclave el basalto
de este pulso hundido en la agonía del féretro.
No hay apelación que valga y quite la corona de espinas. —cada vez,
estoy próximo a esta teología amarga del asedio, velar mi propio cadáver
¿lo purifica el incienso? (Aleteo cuando me desangro en el trino)
—Ya, a través de una rendija, la vida calcinada y el cruce de calles,
¿duermo mientras tanto?
Con el ataúd a cuestas de la ceniza, la oquedad derrama sus obsesiones:
después de todo, y por anticipado, honro el respiro póstumo.
¿Vienes a ver mi sombra interminable? Desciende, ahora, hasta el último
Peldaño mientras la soledad arrecia…
Barataria, 27.III.2013


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