miércoles, 20 de marzo de 2013

INSTANTES

Imagen cogida de FB de Georgeta Tudora





INSTANTES





Fugaz la mano del azar que resbala entre mis manos, las rodillas como realidad
de la losa y sus tentáculos, los álbumes amarillos en la geografía del sueño:
a pesar de todo, siempre resultan extrañas las mortajas,
y la caja negra de las alacenas, o el túnel donde se pierde el alba.
Sólo es un instante el pino en su ebriedad de hoguera, luego deja ser
lámpara el viento y ventana el tren y el equipaje. (¿Duramos poco para tanto
horizonte entre un planisferio de corales?)
Yo no sé si existen ungüentos insepultos. La espiga en el mapa del ojo,
o solamente pasa el agua ya inerte de mis poros.
Grita el ciervo primitivo del alma. Grita el espíritu en su combate.
Y si existo, ¿adónde van los minutos que no vuelven, el ala del estival?
Si vivo, leve el pájaro con su equipaje ciego.  Amargo el océano del espejo.

Hierve el ombligo en el tabanco del cuerpo, (los vahos carbonizados
del calendario, las verjas como musgo de candelabros);
en la boca, el pesebre o la luz, el hormiguero ahogado en el pozo
que deja el corcho en la vendimia, espuma del parpadeo en esta suerte
diminuta: cuando quiero entender la pluma gótica del vecindario,
me remito a los ojales inciertos de la ceniza,
¿sonríen las crines en los números impares del algoritmo? ¿Son fieles
los cementerios al cansancio, al diente vendado del luto, a la fiebre
de las esferas pintada en aquella concavidad oscura de la víspera?
(Con plumas sostenemos el telón de la comedia, pero en al mirar se esconden
el empalago desvelado o el cielo falso del eructo del tiempo.)

—Fiarme, yo? No, ya no me fío. (Muchas manos para mis manos
de talabartero. Mucha oscuridad para mis ojos. Muchos escribas y poco
papel. De cara al tiempo, la avidez requiera de cirugía ortopédica.)
Me resisto a los exhibicionismos del karma y a las tantas bocas postizas
de la bruma con zapatos de rocío o pantalla gigante de estufa.
Nunca he visto recato en las funerarias ni en las muñecas envueltas
en sudarios, (las etiquetas en la niebla suelen ser inaccesibles);
a veces duelen los paraguas  en la contracorriente de ojos y manos,
y hasta en la severa impermeabilidad de los muros, en los hospedajes
donde cojean los taburetes su designio de ataúd desvencijado.
Ahora que muere tanta historia, ¿Quién está a la diestra del arcoíris?
—Celebro, a fin de cuentas, que todo sea efímero.
Y para ello, los antisépticos bucales, o simplemente la limpieza de las uñas.
Me enternece este degüello de melancolía, (la pasión es como el hampa),

En los andenes disperso el mal de ojo de las mercaderías del enojo:
descreo de todo el buen humor de los notarios, me alejo de las sombras
del gato montés con destino afilado de carnicería. (Pero me enternece
vivir sin antídotos dentro de las paradojas del tiempo.)

Barataria, 16.III.2013



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