viernes, 15 de marzo de 2013

RELACIÓN ESPURIA

Imagen cogida de la red




RELACIÓN ESPURIA




al llegar a la curva me vuelvo y miro por encima del hombro
de mi pasado lleno del ruido mágico en el momento preciso…
AIMÉ CÉSAIRE




En los huecos del escalofrío,  no hay suéteres de otoño. Jamás los hubo.
Si hablamos de nupcias es necesario soltar el imaginario, la clandestinidad
es para forjar otras historias.
¿Qué dicen los semiólogos a propósito de las confabulaciones,
la mercancía articulada de la viscosidad, los fueros políticos del poder,
la manzana como paradigma, el candil del abanico sobre la mesa yugular
de la mandíbula del cielo?  (Sofoca, me han dicho, el paradigma del mito
de Edipo, incluyendo otros paradigmas.)
Lo ilusorio es una trampa que no tiene límites: los ritos del muérdago
son para los coleccionistas de la angustia binaria de los espejos.
¿Es necesaria la oposición de boca y hambre, anulando el bajorrelieve
del vuelo del cuerpo frente al fogonazo inminente de dos cuerpos
en la altitud del arcoíris sabiéndose metales? —Todo movimiento, si lo es,
tiene su tesis en los reflejos,
la abstracción es una perversidad en las sociedad de consumo, según las leyes
de la lógica, es la acción sobre el objeto, contrastes hasta la últimas aguas
del vuelo, —ay, las sombras que devoran la luz,
la catarsis del día impar del pétalo giratorio en la lengua,
la máquina análoga de la esperma con su gemido de llave ciega,
ay, los neopositivistas en la jerga de nuestras propias categorías del mapa
infinito devorado por el viento,
ay, la ropa compartida mientras la garganta desviste la lluvia,
y el músculo del bombeo nada en su propia postrimería de herrumbre.
(Lo súbito se queda para los golpes de pecho)
Pensamos en la contradicción, le dimos a la abstracción su propio poderío;
luego enardecimos el árbol de la muerte y debió ser al revés:
pensar en las sábanas que abarquen dos cuerpos, quitar esas extrañas
escenas de teatro existencialista, darle a la alegoría su propia identidad,
no el simple carné de ciudadano.
—No sé si me sirve la práctica del conocimiento en poesía. No lo sé.
Lo cierto es que en este trance de relaciones mercantiles, el miedo respira
juegos insospechados, formas indivisas de las que habló Demócrito;
el verdadero contenido gnoseológico está en ese cuerpo que me sangra,
en vos, como cadencia de sangre y aliento,
única vía unitiva de la invención humana, única semilla del instinto.
(El problema de las individualidades habría que preguntárselo a la ontología
o, en todo caso, a la aljaba del conjuro, quizás a los caracoles
con su desamañado aroma  a cavilación y paradoja…)

Barataria, 03.III.2013


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