martes, 19 de marzo de 2013

TRÁFAGO

La imagen ha sido cogida del blog: elssamolina.wordpress.com





TRÁFAGO




brought down the whole house,
and they walked out on the stage…
ANGEL METAL




Ya en las mochetas de la claridad, cansa el tráfago, la neblina colgada
de los balcones, las tantas certezas de los taburetes y ese desorden
de cuervos en la tarde,
caminamos fregando el urinario del hambre, la alambrada
de los mataderos que nos asisten desnudos desde el cielo:
Una sombra y otra en el fermento de la temperatura,
el mar quebrado en el contraluz del grafito, (sueño con los caballos negros
del crepúsculo y sus calles de húmedos ramajes.)
¿Alguien lo puede evitar después de morder epílogos?

De inmediato vienen a mi mente todos los periódicos, el blanco y negro
de la ciudad, los pequeños vendedores con estanterías móviles,  el estrépito
de la mala digestión en medio de invisibles azoteas de cadáveres.
(Pienso que pude haberme obligado a vivir en otro muelle. Pienso, solamente.)
Los embudos del odio  con su falaz disimulo marcan el reloj con cierta indiferencia, —(desde luego, hay itinerarios que cansan, como las piedras
en las calles, como los caracoles en el petate del náufrago,
como los muebles girando en el azogue del sueño, perennes defunciones
en lo inmóvil del acantilado.)

Cansa el lavabo con su chorrito de agua envinagrada. Cansan las aceras
y otros paisajes del aliento, la misma roncha del perro que lame el silencio,
el largo tránsito de los escapularios sin apelar a la balanza del sosiego.
¿Llegaré hasta el último peldaño sin que la angustia me devore?
¿Se resignan las bicicletas al designio insondable, al trotacalles del sueño?
(Por cierto que ahora labro estopas de coco; olvidé la hidalguía.)
En la noche atizo el fuego con el pulgar del silencio; respiro normal
entre la diversión y el hambre, pues yo no hago hacienda de lo inverosímil,
ni me conformo añadiendo pantuflas a los domingos.

Desde cualquier manifiesto atardecen perennemente las ventanas:
islas, ventanas, ojos, el paraguas moroso de las losas, el surco memorial
del picapedrero con sus bóvedas de desvarío.
Sálveme la sangre la materia del yute, el insecto que roe mi cabeza
con sus goterones de ruido, extrañas pestañas en el cuerpo. Difusas imágenes
del cirio en la lágrima enroscada de los rieles.
Sálvenme, a fin de cuentas, los vidrios surcados por la neblina: —es temprano
para morir aún destripada la polilla en mis sienes, pese al cuervo colgando
del candelabro  de la sinagoga del poema. (Quizás deba buscar una lavandería
para mis brazos y renunciar a los resortes de una hostia,
a la maleta y al látigo de la lluvia,  a los pasajes oscuros del aturdimiento
de la lluvia.) Bajo el cielo falso del horizonte, las ingles de espuma
del eucaliptus y las antiguas bridas de los neumáticos con faisanes y escopetas.

Barataria, 14.III.2013



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