domingo, 24 de marzo de 2013

VEHEMENCIA

Foto de Picture & Photo & Erkan TORUN, 
cogida del FB de Mirela Ciortan 






VEHEMENCIA





Bracea el pez ciego sobre el agua oscura del estanque. Galopan los relojes
en medio de la herrumbre de las imágenes, dentro de las espigas
acumuladas del pensamiento.
(Esta suerte de triplicados agudos en el granero, universo de sombrillas.)
No obstante la oscuridad colgada de los zapatos,
el deletreo aéreo de las vocales del rocío, —siempre la contrariedad
crepita en los portales, tiene su propio anfiteatro.
En los círculos de la noche, las orillas hundidas de las sombras:
esa voz del pequeño mundo de la orfandad, el agónico collar de la espuma
en su desconocido destello de párpados.
(Junto al paredón del misterio, la carne en vilo, la fugacidad se enrosca
en la maleza, despierta el baúl de lo inhóspito.)
Afuera, ¿hay alguien que repiense las ventanas, los pedazos de anillos
de la saliva, la novedad de las palabras en vez del hacha?
¿Vuelve la arcilla a la oscuridad de su queja? —¿Hay días de salvación
y sordos magnetismos, —asombros de una piscucha ebria—?
—En algún sitio están todas las respuestas a la noche, la hamaca imposible
de una armónica, las jornadas de desvelo en su vorágine.
Mientras estalla la saliva en su estallido pegajoso, se hace visible el rito
a los balcones, el hueso mordido de la semana,
y la intrepidez que nunca apaga su candil, el ácido río del sudor en el ijar.
Ya deshecho el nudo, queda oscilante el vaivén: brilla el vilano del vinagre,
ebrias las castañuelas de los símbolos desafiantes.
¿Sangra el desuso en su catacumba? —Sí, es un libro de ignota fatiga
como el semen incinerado en la lápida de la medianoche…

Barataria, 23.III.2013



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