domingo, 14 de abril de 2013

APOSTILLA PARA MI MUERTE

Imagen cogida de la red





APOSTILLA  PARA MI MUERTE




La oscuridad vive en las palabras que descifran la muerte.
La oscuridad habita los suburbios de la belleza.
JUAN CARLOS MESTRE




en el anonimato de los sueños el vergel encontrado en la gruta de la saliva los días erizos en la sartén  donde el pez bracea con el primer elemento del azúcar: anduve con todas las heridas de los días de la semana nunca me faltó el tiempo desgreñado de la sapiencia los endosos del paisaje nauseabundo o la escritura en el atlas desnudo de algún cuerpo que murió conmigo cuando avanzaron las compuertas del fuego antiséptico de los tapiales  (ahora me digo que ya es hora de dar la media vuelta y adentrarme en la madera morder el ojo negro de la cruz sorber el polvillo de las vocales alzar la voz y dar las buenas noches aunque escupo sobre las líneas curvas del mundo —me excuso—  a veces hay mañanas con poca simpatía si fuese mujer este instante me gustaría avanzar en zigzag hasta llegar al conocimiento del viñedo antes que el tren levante sus arenillas) sé por modesta y propia experiencia que los zaguanes hacen su propia gimnasia ah estos viejos recuerdos que tiritan en el reloj sin dejar de desangrarse en su escritura ¿qué lámparas ahorcan mi aliento la sinécdoque del parentesco atormentado  el festejo del ojo debajo de la sábana los celajes del encaje en la alta velocidad de la dentadura del jadeo? —ríe la noche en el tintero del café negro del deseo: en la página en blanco trotan los notarios y boticarios  los caballos salvajes que huyen de la muchedumbre la oscuridad de pronto que empluma los cuerpos con frases a menudo monstruosas  al lado de la almohada la mesa de noche el taburete hacen de las suyas: (siempre escribo en razón de mis sueños  y lo hago con cierta irreverencia hay tanta breña que me cuesta respirar) ¿es el espejo el albor de las sienes u otro duende que resucita en la sed? —en realidad ya no sé el número de bocas que me trae la lluvia todo es breve como el tren del amanecer y sin embargo siempre perdura lo inverosímil las variaciones del metabolismo el sofá desportillado de las campánulas —cuando pregunté si vendrías a mis ajetreos sólo respondió lo inaudible (el sueño siempre es el mayor desatino de las tapicerías —lo sabés lo sé— sin querer también el aliento se extenúa: no es suficiente la inmortalidad para avizorar los presagios (la intimidad es una telaraña desafiante en la siesta de las espinas) claro mucha de la vida está calcada en papel carbón por eso es fácil desvanecer el vértigo y los contrastes la tortura que nos inflama las sienes  (por si acaso siempre hay un caminito con adoquines para la fuga) de cualquier modo el tiempo siempre calla las costumbres las hace desaparecer  después nos parece que todo era una especie de cuentecillo para niños de primaria sí tampoco es que se nos acabe el mundo cuando se terminan las ganas de amar (hay que darle amnistía a ciertos agobios) desde dentro de mí oigo la repartición de los meses: no sólo de laberintos están hechas las cruzcalles sino de filiales sombras como la tuya o la mía alrededor de los arbustos de la intemperie o el desvelo…
Barataria, 05.IV.2013


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