martes, 16 de abril de 2013

ARTE DE MORIR

Imagen cogida de decoracion-de-interiores.net





ARTE DE MORIR




Hago poemas como quien llora.
MANUEL BANDEIRA




Muero cada día en la desnudez de una palabra en el nicho que me dejaron los amantes del vértigo en la cama tísica de la res tiesa de tanta sal en los poros (el arte de morir es el arte del rocío el desahogo por cierto a tanto desvarío) hay que morir con altivez como se muere cada día en el poema  (después resucitará la ráfaga de la tinta victoriosa en el cofre de las pupilas) desnuda la anatomía de la cárcava que nos espera  debemos saciar hasta el último centavo del desvelo morder todo el incendio que destila el aliento  con la urgencia de lo remoto miro desde el poder de los candelabros toda la oscuridad que engrasa a la aurora la flama que madura y pervive en el dolor ¿Con qué obsesión dejamos partir las estaciones?  ¿rasgamos con audacia  el remoto crucifico que desemboca en la tumba? durante cada día me he preparado para esta antigua quietud de la boca  ¿habrá paz cuando llegue a explorar en lo oscuro de las paredes mi vínculo con el musgo y los peces que escaparon de las aguas?  No me aflige despedirme —ya he vivido bastante la indigencia— cuando he convenido poner mi alma en sosiego (siempre la muerte sopla desnuda resplandece en cada palabra) no me resisto volver al polvo aunque sé que me hará falta el arco iris con todos los siglos de misterio (cuando el perro ladra en la deshora recuerdo el mundo el pelo trenzado en la sopa sumergidos los atajos hasta el punto de perder la vista:  no dejo ningún memorándum ni siquiera velitas encendidas a San Antonio a San Judas Tadeo al niño de Atocha a la Inmaculada Concepción  no dejo nada sencillamente nada he pagado además por adelantado todas mis cuentas entonces sólo entonces puedo ordenar las especias en la alacena incluyendo la sobremesa con cubitos de hielo y ojos de felicidad ahora sé que debo ponerle cándado a mis manías personales cerrarle la puerta al desconsuelo y bajar la voz por aquello de lo innecesario la muerte es como el olvido —se apaciguan llegado cierto momento—  entonces hay que dejar que otros se encabriten bajo la llovizna) mientras todo está destinado al vuelo la tumba y la piedra seguirán allí imperturbables corpóreas como los cánones del sueño hondas como el agua intemporal a esta paz que me viene las manos derramadas en el camino de todos los días y tal vez el rostro entre tantos artificios ahora es inaudible tanta voz que interfirió en mis calcañales ahora estoy en la undécima hora de mi día favorito: el hoy que solamente tiene éxtasis el hoy que habita en mi memoria  el hoy que humanamente calla ante la hojarasca entro pues de raíz al misterio para no describir toda la sed que me reencarna —Mutis: (si ves sólo eres espina en mi emotiva fábula por si acaso te di por adelantado mi diezmo de arcabuz la obra maestra de la vida es la risa y cierta anacronía con espejitos de lágrimas…

Barataria, 06.04.2013




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