lunes, 15 de abril de 2013

HORAS [MERA DIGRESIÓN]

Imagen cogida de la red





HORAS [MERA DIGRESIÓN]




A la poeta Angélica Santa Olaya


Cae sobre mi como un rocío silencioso, 
ROBERT HERRICK




sin duda hay cierta bestialidad en las horas: cualquier hora nos ata a su red respiro sin saber qué tiempo nos vendrá sin saber qué abismo nos espera con antenas parabólicas en el ojo es como una marca de fuego de las profundidades donde se hincha la noche en estas pulgadas de pestañas de todos los días no sirven los lavabos ni el papel celofán para curar la gripe alguien me dijo que el tiempo carece de memoria y de inteligencia las ideas —me lo reiteran con un dejo de énfasis— son para verse en pantalla gigante así como los pezones en las esquinas sedientas de la luna en realidad todo me parece fantástico cuando debajo de la sábana se suscita el monólogo y empiezan a girar las estribaciones del mal de ojo de la herrumbre siempre procuro detenerme en la escarcha amarilla de ciertos nombres sobre todo cuando las aves cruzan el lento abanico de la angustia ya he sepultado —claro está— otros nombres: llámense puerto y lejanía (siempre lo he dicho sin ningún reparo: tengo ganas de platicar lo respiro tengo ganas de apretar el susurro morder la ropa íntima de las mañanas pacificar la geometría de la cuerda del reloj describir la cigüeña de mis nostalgias en la página del día siguiente darle consistencia a los minutos de sudor a veces arriesgar toda la corbata del viento para anudar los poros reclinar el sofá del almendro de río y continuar con la estrofa indefinida del siguiente poema) ya falta poco para llegar a mi estación —me digo con cierto vértigo— ya falta poco para darle sentido a los contrarios el tiempo me parece una especie de cosquilleo donde tengo que inventar ventanas desmenuzar los adobes de las paredes reírme de la próxima valla publicitaria que encuentre a mi paso (supongo que siempre es fantástico reír, y babear claro frente al paisaje del espejo) —Reírse uno —claro— pensar que mañana en las dolidas aguas de los huesos ya no habrá sino un sinnúmero de gente echando a la tumba puchitos de tierra (por supuesto nunca entendí este ritual) —es solemne lo he visto tantas veces que ya dejó de ser asombro y ha pasado a ser mero automatismo como este caminar fijo sobre aceras desgastadas me veo petrificado quizás es parte de la misma mesa delante de mis ojos  de la misma cintura de fuego con la proximidad de las palabras sé que hay palabras que huelen mal el ijillo que rodea a la madera la edad de las horas huele mal la libertad huele mal el amor huele mal lo móvil huele mal todo acto de pacificación huele mal la sábana del último alero de mi respiro huele mal la grieta del atajo del hipocampo ahora estoy más cerca que nunca al borde las horas cobra especial interés el cansancio de la corona de espinas el petate que se acostumbró a un cuerpo solo huelen mal los roedores en la boca del sostén: en tanto pasa todo esto el silbido del tren postrero arrecia entre la mugre de los cabellos despierto luego de este largo poema de cenizas…

Barataria, 05.04.2013


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