martes, 2 de abril de 2013

LITORAL

Imagen cogida de la red





LITORAL




¿Queda algún puerto al que aún no hayamos atracado?
¿Queda alguna tristeza que no hayamos cantado todavía?
NAZIM HIKMET




germinan los juegos agitados de la espuma en la sal incendiaria de las banderas junto a las aguas el Paraíso perdido del tacto deshojado de la arena hay tantas dispersiones que ya no recuerdo la risa de la arcilla sacudida por la lluvia: días de pupilas ciegas en el tallo de la aurora antes sangre el caracol de los espejos las ávidas incandescencias del sexo con sus cadáveres prematuros hoy el horizonte es un aterido pájaro bajo la invisible plegaria del insomnio ¿Cuándo fue la última vez que subí los andamios de la alegría? (la nostalgia gravita imposible a la orilla de los litorales en horas sin sostenes en la sed olvidada en una lágrima) ya no recuerdo la pira inmolada del invierno ni la fría flama del arco iris ni las ingles fértiles de lo lacustre pienso en el paraguas núbil de las semillas esa otra  sombra de azadones jubilosos henchidos a la hora de la carne alucinada en pos del espacio de los ijares te ríes —me dijo la piedra pómez de pronto cálida dentro de la sangre no no río —he respondido a lo insólito e inevitable de la ceniza aún tibia en el sollozo (ofrendo la espiga con todo y los motivos de las lianas amotinadas en el refugio perdido de los cuatro vientos de la piel flagelada) con la simplicidad de mi ropa es suficiente para abrigar el fervor o el poro yerto de los portales el cenit que venda mis ojos cuando muero el alborozo indeleble de los afluentes: pese a todo lo que se va quedando busco la a la b la c de la geografía y hasta el césped perecedero de la ternura la p la m de lo perenne el itinerario del candil en las manos todos mis pedernales póstumos y el frío que arde en el nido —vos sabés seguramente lo que significa lo irreparable y todos los desvelos desplomados de la memoria: los cascos del alborozo cada presagio de la niebla como tela de araña la espuma evasiva del azogue si hacemos un recuento ay encender tanto nombre fatuo acercar los veleros consumidos de la noche exhalar de nuevo oscuros cirios abrir otra vez el candil del firmamento prefiero entonces pensar en las orillas errantes del sueño en la simples humedades del rocío en el claustro de ciertos arcaísmos todavía vigentes en el abanico del crepúsculo prefiero oír el chirrido del aceite a ciertos suspiros aletargados: las consonantes solas no son promisorias e f g h i j sobre la yesca inverosímil de la tarde es difícil —me digo, pensar en la piel marrón de Penélope—  pensar desde aquí en los barcos que se pierden en el triángulo de la destrucción del semen vuelvo a la a b c d e sólo para hacer más obstinada la niebla el columpio con paraguas el azul impávido de Darío la vehemencia del charco del espíritu el murmullo arrastra la embarcación de los ojos ¿es música la vibración de los acantilados? ¿es cuerpo la noche ungida en el contorno del tacto? —ahora sé que la epidermis adolece de nostalgias: las vocales me recuerdan la primer victoria de la luz: a e i o u la primera espina clavada en las sienes (ríete si quieres entre los dedos de las palabras jamás seas vehemente en la ciudadela de la alcoba suelta el nido como una rebelión de brasas suelta tus labios de nitroglicerina suelta tus pájaros de última noche)…

Barataria, 10.III.2013


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