sábado, 20 de abril de 2013

MIEDOS

Imagen cogida de la red




MIEDOS





Ese largo y angustioso escalofrío que parece mensajero de la muerte, el verdadero escalofrío del miedo, sólo lo he sentido una vez.
RAMÓN DEL VALLE INCLÁN




En el bolsillo de la conciencia la llave maestra de los miedos: ese saber que el tiempo nos desafía con cierto inasible retorno desde luego hay algo que el desvelo nos recuerda: el designio o la tiniebla no siempre es Aladino para que nos acompañe en el viaje de transitar sobre coces de granito (si el tiempo nos alcanza habrá ángeles esperándonos al otro lado del río todo espectro es la forma fatal del cuerpo que en el trance íntimo ha perdido sus límites) ya los veremos partir cuando el instante recobre el sosiego necesario cuando el agua subterránea aflore en las sienes desde la altura avanza sinuosa la tea reclinada en el tejado a veces el temblor es una veta de termitas que hacen tambalear los puntales del cuerpo ¿habremos de soportar también el desmoronamiento de los toldos del rocío y abrazar el despojo de por si insoportable?  (sobre las paredes el sonido traza sus propias utopías surge el estampido de la ciudad hacia el desequilibrio el ojo pierde su querencia hacia lo inmóvil allí se desmorona el follaje como fragmentos de la herida telúrica) todos los días nos poblamos de ellos: a veces pétreos en el bolsillo a veces tan viejos como la penumbra danzan en la mesa por burdos que sean nos mastican con ijillo de cementerios están como fértiles cadáveres en el intemperie azoran sin disimulo las acequias y hacen su trabajo de cárcava en el resuello  entre lo claro y oscuro de las semanas despiertan en la hoguera del poniente —no duermen ni desaparecen ni escapan— son ese río callado que se columpia en el íntimo velero de los pétalos ¿quién escapa de su siglo de hélices?  ¿quién duerme sin dejar de sentir la rugosidad de su fuerza hiriente? ¿quién reposa en la malicia de sus aguas? —en medio de su imperio obcecado no caben los remiendos ni la blancura ni el nido donde el cuerpo no se ahueque  todo es prominente en la inmensidad del caos ante el vértigo la santísima trinidad de las alucinaciones la imagen matriz de la ceniza y hasta el aliento que cava su traje —desde el desvarío la palabra que pasa a ser sollozo sigilo del Fénix en la ronca raíz del desasosiego ¿es filial acaso este sombrero de ventarrones?  después evocamos mientras avanza el sosiego aquel múltiple juego de zancadas la voz quebrada del paraíso las siluetas dentro de otras siluetas sobre la losa sucesiva de las permutaciones —Miedos ¿quién dijo miedos?  cabalgan como la brasa del rescoldo y aunque no sean visibles  duplican espejos y rodillas (son esa rama ininteligible de la memoria que desabrocha la armonía) ahora sólo hay que dejarle al azar la mensajería del tiempo y despertar cada día sin ese anzuelo de nefasta herrería…

Barataria, 09.IV.2013


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