miércoles, 17 de abril de 2013

NEGACIÓN

Imagen cogida de la red




NEGACIÓN




Cultivo una rosa blanca…
JOSÉ MARTÍ




Mientras los demás me niegan transito estas viejas calles de la memoria nunca me falta por supuesto el pan de cada día aunque los muchos coman de mi pan y tortilla (alrededor de la agonía hay tantas preguntas sin respuestas) ¿es suficiente el olvido o callar? sé ahora que sembré jardines entre la niebla (la breña siempre arde a través del tiempo y se deshace) reúno aquí mi propio silencio exaltado todo cuanto quiero borrar de los relámpagos todo cuanto ha sido inútil destello en el sendero: aunque me borren estará allí la pared derruida de la tinta lo irremediable lo terrestre la vanidad y sus variantes pronominales estará allí —en los otros— la estación sufrida de los ecos: mi ventana transparente dejo al tiempo que haga lo suyo: sigo —no importa si es en la tarde o entre matorrales— con mi oficio irremediable de resplandecer (dejo la ventana entreabierta) que otros hagan lo suyo y soporten su propia humanidad nunca he entendido los alientos macilentos la mala leche de las alacenas la espina persistente los dominios cercenados del rocío  (por desgracia la ponzoña nunca goza de asueto ni la mala crianza) sustentos sin monedas de la sangre ¿cuándo acudirán las manos limpias a la mesa, sin que acechen las perversiones terrestres, sin que la mosca intente la voracidad y deje su rastro de sombra obscena? cada vez reconozco a los pequeños seres que pululan alrededor de mis oídos quizá es que la memoria oscila en el estanque de lo inaudito y las arcadas de la infamia la retratan los andenes (hay que nacer de nuevo y limpiar las luciérnagas tal vez las consonancias den otra luz tal vez el escenario no sea de bostezos y las palabras dejen de atrapar la escoria sacada de los rituales de la soledad) jamás he podido entender esta modorra de hibernaciones ya estoy exangüe de pequeñeces y abismos: cada quien que amarre sus demonios en la tarde abisal de sus reniegos cada quien que cuente las estrellas con sus propios zumbidos —me parece horrible la carcajada descuidada el disfraz del sangrado y el crucigrama como forma de atisbar la brasa dejé de entender ciertas comarcas desgastadas dejé de distraerme en las  imágenes del polvo: para cada quien existe abundante claridad y no sólo remordimientos imposibles desde el umbral infinito aprendí el movimiento de párpados de la jauría jamás me asusté por más desdén que me dieran ciertas funerarias: a la hostilidad le ofrecí mis sueños y sobreviví al semblante huraño antes de tocar con fuerza las cuerdas del aliento para cada día tengo una sola mirada: cada quien debe desafiar a sus propios demonios sin asedio ni ademanes a otras aguas (es una maravilla sentarse con hambre a la mesa y jugar con el deseo: lo otro siempre formará parte la mitología humana para ellos “cultivo una rosa blanca”)…

Barataria, 07.IV2013


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