miércoles, 10 de abril de 2013

PUNTO CIEGO

Imagen cogida de la red




PUNTO CIEGO




Al final es el reloj el que marca las distancias sin disfraz alguno.
Llegamos al punto ciego donde pululan las lágrimas, a ese nudo inmóvil
del sinfín. Soy viajero, —pienso en todo caso—, soy la calle subterránea
del tragaluz, ¿hacia dónde escapo junto con mis desazones?
¿Es esta muerte soñada y presentida la única salida a esa otra calle
interminable del sueño?
—A cierta edad ya no hay rezagos, sino sepulturas por doquier. Pero,
¿a cuántas pesadumbres me avienta todavía l tarde,  el deletreo
de mis demonios, todas las puertas cerradas hasta la última aldaba
de la lejanía? —siempre anduve lamiendo el césped de lo improbable,
las aceras con su boca de tormenta,
amargo como la ausencia del optimismo.

(En la meditación, la escarcha de la tierra sobre los sentidos.)

Todos los días moribundos de la lengua, el pecho dolido de cementerios.
A veces desde el umbral la luz desgastada de los zapatos.
(La fosa atraviesa las arrugas de mi silencio, áspero el polvo en los ojos.)

Barataria, 10.IV.2013


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