jueves, 18 de abril de 2013

RUMOR METÁLICO

Imagen de Lourenzo Leonardo, cogida de su FB.





RUMOR METÁLICO




Me sumerjo en los ruidos desteñidos del balcón vacilo ante los crudos metales que atraviesan mi garganta ¿hay lámparas para mis pies después de tantas ausencias?  son demasiado altas las paredes ennegrecidas de las enredaderas: lleno mi tórax con los algoritmos del rumor hoy ha emigrado la humedad hacia otros territorios el metal fundido que comienza a confundirse con la tierra todo parece inofensivo cuando aprieto el grito desde lejos el nudo del tiempo de las edades y el tragaluz del río que me alcanza hasta la desesperación ¿de qué suburbio salta el vendaval de la saliva?  ¿de qué espumas ha sido hecha la cólera de los poros la sed de las sienes  el fragmento de sombra que me empuja hacia la ceniza? —tengo los calcañales incompletos de tanto caminar y la lengua como una gota escindida de espesura  (el matorral suena como un temporal de hojarasca) frente al designio los pañuelos humedecidos los techos roncos con la tierra quemada y las ramas del infinito agachadas por la lluvia ahora recuerdo que en la ebriedad aspiré estrofas de espejos muertos mordí el caballo oscuro de la almohada y entré a los huecos del infinito sin ninguna armadura salvo la conciencia de sudar y soñar (el equilibrio termina por ahogar los puntos cardinales por eso es necesario una cucharada de desquicios) ante el pájaro picoteando los espejos alucinan aquellos meses con paisajes de neblina pero oscurece en los nudos desafortunados del eucaliptus oscurece en la gimnasia de la tinta oscurece en los cordeles de la lluvia oscurece en el sillón de los espectros oscurece en el semen sin memoria oscurece en el cripta donde navego  oscurece en los alhelíes sedentarios del aliento  oscurece en mi sombra: siempre tengo la sensación de partir la sensación de desvelar paisajes recónditos la sensación de que mis manos tocan la materia el pozo redondo del relámpago (vengo de un tímido taller de pájaros siempre hubo diques en la cima de las bodegas obedezco a este orden de aurora manchada desemboco sin pelea alguna en lo póstumo no hay más náufragos que mis zapatos acabados no hay más llaga que la flama de los sueños aquí humano como soy desemboco en la tumba a la velocidad de la zozobra de la pala a la espera que se cierre el último roquedal con brújulas desdibujadas) ¿sabe el viento de estas aguas metálicas que tocan a la puerta del vitral orgásmico de las lámparas? —hoy por hoy envejezco de hambre al borde de la sal de los prontuarios nada queda invisible ni siquiera las cadenas que desgastaron mis anclas ante el ahogo o la carcajada siempre el andar como el oficio de la leña: quemo mis dudas y certezas como un viaje memorable el dolor de lo efímero no me quita el sueño…

Barataria, 09.IV.2013



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