jueves, 11 de abril de 2013

VENTANA

Imagen de André Cruchaga




VENTANA




El viento respira una lágrima frente a la ventana, —calles enfrente—,
disfrazando las palabras, parpadea el cuerpo ante los juegos macabros
del trajín de aquí y allá;
como volátiles hojas, la tempestad de los zapatos, los libros apiñados
a mi espalda y de toda esa bisutería que de pronto alcanza al cielo.

(Se preguntarán, claro, por qué hablo tanto detrás de la ventana: aquí
hay silencio para escribir, aunque deba romper el alma de los pétalos.)

Desde aquí la fuerza de mis abismos, los juegos del delirio a la hora
de pensar en los jardines;
(desde aquí, confuso el animal que soy, la corteza del fuego en la boca)
Un día, —un día, quizás, los dictados invisibles—
Pueda que sean evidentes: todo lo entra a través de la ventana,
lo efímero, la tinta indeleble que ronca en las telarañas de mi historia personal.

(También la diafanidad sangra en el costado.)

Más allá de estos espejos de dos caras, las hondas esquinas de las estrellas,
y los días que se ven como esqueletos pálidos en la sombra de las arterias
rotas. (Por si acaso me aparto del mal de ojo de los andenes.)
¿Qué me queda después del destiempo?
—Debo seguir vivo para que las raíces de la ventana, me prodiguen
el frescor profundo de la tarde y sostengan la luz necesaria…

Barataria, 11.IV.2013


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