martes, 9 de abril de 2013

VIAJE

Imagen cogida de la red




VIAJE




¿Alguien querrá saber lo que atesora
la memoria de un tiempo en que me hundo?
WALDO LEYVA




Después de caminar entre la hojarasca y ya lejos de casa subo a este tren: nacen aguas azules y lenguas verdes y esa fuerza limpia de mirar hacia el infinito siempre me resultó cómodo cada vagón de madera donde estuve siempre el ruido de los pájaros y el invierno al tiempo la memoria y los ojos la embriaguez sumisa a los rincones de la memoria desde la cual sangra el aliento (hubo noches densas de meditación colgado de las esquinas de las estrellas entre las ramas de los árboles el reflejo de la luz la pizarra del horizonte: indecible el paisaje que migra en las pupilas) Ahora que lo recuerdo hay vacíos en mi memoria me cunde la polisemia de los minutos en proporción a las dentelladas de la niebla a los sepultureros que aguardan por mi voz en el atrio de los horarios itinerantes  ¿es sólo la palabra la que hoy me asiste vos sorda en la campanada de los pensamientos?  —como todas las porfías sin mesura— traigo a cuentas las ventanas y ese contagio de baúles donde la arqueología lee todas mis cartas —todos los pálpitos a veces monótonos del abecedario— ¿me sirve el metalenguaje para leer todos los vitrales  la marquesina del viento en mi piel curtida? ¿hasta dónde marcho con la ceniza de mis cigarrillos? —supongo que el poema es mi lejanía más allá de los periódicos (soy libre cuando desaparecen los maniqueísmos de mis zapatos: la palabra es la verdad de mis ansias el riel de la tinta que se abre a la página) después de todo nací en la sintaxis de los trenes:  es la estación de la otredad la que me sumerge en esta acrobacia: la sal del poema  (de pronto hay un sollozo que toca la levedad) —pienso que es la libertad de los paraguas que me atraviesa hasta llenar el cántaro de los párpados: soy un fraile viendo los flecos de la luz la voz interior desbordada de mi identidad  ¿hasta dónde parto?  Nunca tuve en mi haber otro itinerario que no fuera el vacío otro petate que no fuera el paisaje de las telarañas otro punto de llegada que no fuera el largometraje de la noche —El tren va —vos también— reducida a mis quebrantos  verdadera razón del imposible de los ojos  (pulsa el enjambre en los ojos la hamaca de la nostalgia que todo lo desvela  el camino que ha horadado el instante sombrío de la muerte)  la voz suena como un laúd peregrina en las semillas que abre el viento (puertos y distancias y vicisitudes) ya ensanchado el telón del aguacero me sirven de tribuna los sueños  este murmullo en el abrojo de mi ternura la sed que baja como un obrero sé que todo el infinito se alza como un sombrero: siempre voy a ritmo de los trenes arraigado al desvelo en medio del bajareque del tiempo el caballo de hierro como un largo sueño…

Barataria, 24.III.2013      


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