jueves, 28 de febrero de 2013

VASO

Foto de Dmitry Polgar, 
cogida del FB de José Manuel Sánchez Paulete 




VASO




(Sólo recuerdos del último durmiente en la garganta. Sólo los anillos giratorios de las alas, y esta eterna dinámica del vaso de agua derramado en la hojarasca. Sólo la nostalgia, acaso, como una herida en presente: giran los ojos en la alacena líquida de la espuma, bulle la voracidad de las paredes, y el caballo a ciegas del forcejeo y la agonía que no se limita a las horas diurnas. Dentro del vaso rústico del pecho, los estribos de las postrimerías y el vidrio, refracción de la tormenta del hilo de donde cuelga la claridad afín de las luciérnagas. No olvido el agua que cede a la boca, el brocal húmedo del destello, y la sangre que se hace mar, allí, en la herida. Alguien habló de descorrer las aguas, —me apresuro, entonces, a pasar el río.)

Alguien, —la muerte que no se disuelve en la penúltima sílaba, ni se aquieta
en el ojo del fósforo del ave que resguarda la sed.
En la última arena respirada de los peces, la plural barca de los párpados,
y esta sola sed que se hunde en el nicho.
Cuando la noche acabe, quizás vengan otros tiempos, el sudario en la funda
de la almohada, quizás los ojos grises del miedo como huesos de melancolía.
Sobre la mesa de noche persigo la claridad de un centímetro de agua:
es tal fácil, me imagino, morir en una gota del tamaño de mi sombra,
de pronto el desvarío, desoye al sollozo,
—ciego voy en el aire postrero de mis palabras. Ciego…

Barataria, 17.II.2013



miércoles, 27 de febrero de 2013

LABRANZA

Imagen cogida de la red




LABRANZA




(Pasa el lápiz sobre el surco grueso de la tierra, los días incontables de la sed en los andamios de la siega del delirio: el panal esculpido en el celaje, de pronto como cuadernos en las esquinas del viento. Si hay un símil en las manos del sueño, es el aliento pleno de las horas del poema, el ático del estío que baja hasta el abecedario de las semillas. De toda la labranza, y apartada la espina, quizás quede la proeza del remanso y las huella de los trabajos nocturnos. Camino como lo hacen las aves o las aguas en su origen: vuelo o braceo o ando; el trabajo humedece las manos y hace callos en el pulso. Nunca conocí los linderos de las estatuas, mucho menos la oscuridad muda que puede cimbrarse en el poema. Ante el ronquido furioso de los trenes, le di rienda suelta al horizonte, así he sobrevivido después de todo a la tristeza.)

Al pie de las ventiscas, me he porfiado a las puertas. Todo viaje anega
los zapatos,  hace cataclismos en los goznes.
Después de todo, uno sabe que quedan estiajes en la garganta.
(Nunca la memoria de la sed fue llenada a ras del suelo); nunca en el taller
de la lluvia, cupieron todas las aldabas de la melancolía,
ni todas las muertes que crecieron en cada herida.
A riesgo de quedarme desnudo alzo el vuelo cada día: —a riesgo del fuego,
me refugio en el eco del asombro, el poema es la voz del aliento, —me digo—,
mientras la hora undécima fecunda mis entrañas.
Si algo queda en la campana de las manos, que sean los brazos maduros,
no la espina al encuentro del suspiro.
Si el surco de la tierra es un caudal, que sea el poema y la huella
de que andando, encontramos la alegría del sosiego, el pan ascendido a la boca.

Barataria, 15.II.2013


martes, 26 de febrero de 2013

UMBRALES

Imagen de Leiss Francesco Ferruccio, cogida del Fb de Viky Frías Ruiz






UMBRALES




La Muerte está sentada
a mis umbrales... quien va a morir, va muerto.
JOSÉ MARTÍ




Cruzo el umbral, allí, en el madero y la contrapuerta del dintel.
Los ojos colgados de las manos, las palabras que el viento arrastra
como en un páramo, las letras grises de las verjas,
aquí el viento frío de los ataúdes,
el galope de quien ya ha muerto, la música desvanecida
de las sombras.
El hambre de los caminos me lleva hacia aves errantes: forcejea el día
y los olvidos, nichos oscuros como los relojes del aliento.
Quien ya ha muerto sólo procura deletrear la ceniza, una vela que se abre
entre telarañas, el pocillo del alba en las sombras.
Ya hay cansancio y dolencia en la brida de los zapatos:
—¿Será posible emigrar con todas las dudas, el cordel del crepúsculo
en las sienes, el túnel de los sueños triturados?
Aquí junto a mí en el límite del retorno.
La carroña de la tinta en el escapulario. El huevo seco de la alegría.
El lirio ahorcado del rocío sobre las paredes, las horas ciegas del ventanal;
en la sed, la falsa mano del yugo, el cáñamo múltiple de los nudos.
Consume la ráfaga del crucifijo, la luz violenta de la identidad que agoniza,
el trance en su hogaza de clavos.
Al final, el manojo de escombros de los sueños y la tejedura de la niebla.
Cada quien muere con su propio escalpelo en las sienes:
si, ya sea en los sedimentos del imán, o en el puño de la salmuera.
Cuando el hálito deja de ser, la perplejidad del aprendizaje; cuando avanzan
las puertas, se hace visible la carcoma…
Junto conmigo la aglomeración de las mazorcas y los cascos, el énfasis
del resuello en la crepitación de las bóvedas de las próximas aguas.

Barataria, 13.II.2013


lunes, 25 de febrero de 2013

MATERIA

Imagen cogida de la red




MATERIA




Pegada a la pared la opulencia del negro y blanco, los ojos de la lluvia
que una vez fueron transparentes: me muerde esta infamia de los desasosiegos, la calle donde transita todo lo horrendo,
los cargos de conciencia como bodega de pólvora a punto de morder
el tiempo, el escombro donde permanecen los estados catalépticos.
—Pasado el tiempo quizás entendamos la parálisis del perro doméstico
y la imagen maligna de los cataclismos y los dientes de los callejones.
(Lo cierto es que siempre llega el día en que se desploma todo,
nos llenamos de atrios inconclusos, la vida deja de ser en un instante.)
por suerte, aseo cada día, aseo los filmes de la memoria,
sólo así no me come el espejeo de mi propia historia, el pulso errátil
de la lisonja, los anillos comunes de la supuesta transparencia.
En este drama de tensas llaves en que vivimos, le damos respiración boca
a, boca a la muerte, sin percatarnos de la íngrima fatalidad.
Allí, simplemente, los símbolos irrestañables de la corbata entre las manos.

Barataria, 13.II.2013


domingo, 24 de febrero de 2013

VERJAS

Imagen cogida de la red





VERJAS




En el entramado del viento, la verja celeste de la aurora. El ojo solar
en la garganta: los sonambulismos propios del paisaje.
En el óxido cubista de la nostalgia, el autorretrato de las escaleras,
los ojales gigantes del balcón, pulverizando el polen del zodíaco.
En los intermedios de las enredaderas,
la estética verde de la tinta,
la evolución de la sonrisa en la esquina de los brazos.
siempre que juego a los guijarros, salta el abanico de los periódicos:
en la garganta del horizonte, el exilio de la piel…
Barataria, 10.II.2013


sábado, 23 de febrero de 2013

SOMBRA

Foto de il piccolo istrione, 
imagen copgida del FB de Hedes Andrea




SOMBRA




Nada para ser real la piedra de la sombra sobre la sangre. Nada tan cierto
como la sombra que habita el desconcierto de un mundo entre telarañas
y escaleras: —furias al borde del muro de la tormenta,
lunas rotas en las aguas de la noche.
cunde la desazón en los caballos fúnebres del viento, en la aridez
del despojo, en todas las pupilas vencidas de los zapatos: ante el mínimo
asombro, las huestes de la muerte dispuestas a derrumbar las estaciones.
¿Hacia qué llanto o sed los leños de las manos, los débiles ascensos
de la memoria,
cansados del creciente desvelo de las arenas? —Ya no seré señuelo
de ávidos ataúdes, ni la grieta del letargo de tus pulsiones, ni la constante
imposible del viento con remedo de ventana.
en una lágrima cabe toda la piel del designio: nunca hay certezas de cara
a la luz, sino exangües palabras de ceniza, ramas incesantes trocadas
en muerte, y tatuajes como espolones de alfileres.
—(Nada más necesario, hoy, que ascender hacia el olvido, el paraguas
se tornó demasiado pesado para el pálpito, sangra la lengua intransitable
del aliento, siempre fue imposible la oscuridad de los días.

—Vuélvete, sombra, a tu habitual arrecife de oscuridades…

Barataria, 15.II.2013 



viernes, 22 de febrero de 2013

ÚLTIMO SUICIDIO

Imagen cogida del blog:jessik07.megustaescribir.com





ÚLTIMO SUICIDIO




Je crus que la corde des jours
Tarderait davantage à se montrer…
HÉCTOR ROSALES




Antes del suicidio del horizonte, ya habíamos consumado el magnicidio
de la memoria. La misma saeta abyecta en las palabras,
sobre las antiguas cicatrices de los andenes desgarrados por el tránsito;
la brida no alcanzó a detener el tacto de la herrumbre, ni a contener
la yugular del alfabeto.
—No sólo usurpamos la alegría con tantos despojos, sino que asesinamos
la voz por un tiempo sordo, por un universo irrespirable.
¿Nos queda algún cuento por contar entre serpientes?
La única deidad privilegiada ha sido el máximo esplendor de la mueca,
y ese rito de víctimas aciagas y esa catacumba, cuando se sueña en el sueño.
Algo nos dejan las baldosas frías del tributo:
las palabras que a diario descuaja la batalla inconcebible del hervor,
los alaridos virtuales de la orgía del aliento, la natura gótica de los bejucos,
y ese camino de breñas del alma.
Asusta este ciego golpeteo subterráneo, piedra escuálida de la miseria.
Asusta el infortunio cruzado por la bruma,
la ansiedad acribillada de los cartílagos, el tráfico ebrio de la noche,
el odio y tortura insomnes,
las suspicacias y la burla, el rastrojo con epítetos.
Aunque en el disfraz existan dioses embrionarios, este aire amortajado,
es el último suicidio con sus esquirlas, la cripta consumada…

(In memoria, entonces, debemos celebrar la franela desgastada del juicio.)

Barataria, 14.II.2013








jueves, 21 de febrero de 2013

AGENDA DEL PAISAJE

Foto de Photo spirit, cogida del FB de Mirela Ciortan





AGENDA DEL PAISAJE




hundo mi puño en sus vocales débiles…
ALEX PAUSIDES




(Vamos, aunque no lo quiera hacia lo inhóspito de las aguas derretidas en la escalera de las sábanas. Allí los puchitos de linaza colados en los juegos matinales del jardín o, en las horas nocturnas, al antojo de las pulsiones del vaso. Día a día afilamos los labios de la sed, despojamos las manos del frío, buscamos en la rama el pájaro de la muerte, nos volvemos implacables en la bolsa de las ilusiones, dibujamos jaguares para que muerdan nuestras vestimentas, desnudamos la fe en la oscuridad de los orgasmos, el mismo fluir que a menudo se vuelve huraño, —¿podremos un día liberarnos de esta muerte a pausas, romper las aristas de la desazón, escribir otro poema con los gestos típicos del polen? Para reescribir nuestra agenda de arcilla, necesitamos el sexo de las libélulas, la técnica del balanceo del mar o de la tinta, los tranvías colgando de las esquinas de la madrugada…)

En la bifurcación del collage del semen, las palabras trasegadas del crujir,
la aurora con sus pulsiones diurnas antes que mueran las sábanas:
—Por si hay dudas, ya hemos reescrito la idiotez de la melancolía en todas
sus formas posibles, hemos pintado la intemperie de escaleras.
Hacia sueños que ya no conozco, —miradme— la franela de sal del viento
con sus viejos sótanos de oscuridad.
Aquel grifo de las aguas derretidas, en la pared de la página en blanco,
y el tiempo que se nos muere en nuestras manos;
dentro de qué pan deben cruzar nuestras hambres, sin que las piedras
de las morgues acechen
los segundos del entresueño del tránsito.
La pregunta será siempre la misma. La muerte será la misma muerte, aunque
se disfrace de catedral en nuestras vísceras, aunque el polen extasíe el vuelo.
Ya no aquella agenda paralela sin dentífricos, tampoco el asco.
Sobre el tapiz, las colillas y los sostenes, las edades transpiradas…

Barataria, 11.II.2013 



miércoles, 20 de febrero de 2013

ZONA DESIERTA

Imagen cogida de fondosdepantallas.org





ZONA DESIERTA




(Nos mordemos los calcañales haciéndole muecas a la última puerta con lianas de la casa abandonada de la infancia; en los bolsillos, el horizonte árido de la libertad y la frenética de las regiones oscuras del vuelo. Más allá de los cementerios macabros del juego del trapecio, las hadas sin varita mágica abren las persianas del ojo automático de los amarillos mordiendo la tierra. De pronto uno no sabe dónde se cuelga el arco iris, ni qué destino tienen las aguas del azar, las aves envilecidas en el sillón de la noche; en el torrente de lo insólito, las pulsiones gástricas del tizne, los desiertos putrefactos sobre la superficie del peldaño del mosquito corrompido del paraje. En medio de los hacimientos carnívoros del cactus, el pelaje trágico de la arena sobre los párpados. Los cuervos se alzan sobre la hamaca del horizonte.)

Siempre estoy próximo al trabajo de los grillos, a los anillos del mal
inmersos en la belleza del ataúd en busca de notables.
Desconozco la holgura de los empréstitos del alma, la perdiz que se descuelga
del hilo del sollozo, el sentido terapéutico del nido ensangrentado
al lado de la sábana contenida en los muslos.
Me harto de las fotografías que elevan mi estado paranoico, me harto
de la noción de los objetos, de ciertos fetiches que suponen sentimientos.
Fuera del tintero que guarda el equilibrio de la tinta, no me queda sino
la fijación de las axilas,
el pleonasmo o la atenuación de los relojes en el glande.
—para quitarle los sombreros a lo trágico, es necesario el monólogo cómico,
y romper el huevo donde habitan las tormentas.
En los próximos abanicos del cielo, evitaré el plumaje de las mensajerías,
y le daré paso a los prismas del sueño…

Barataria, 10.II.2013


martes, 19 de febrero de 2013

TRAMA

Foto de În lumea cărților, cogida de Biblioteca Vladesti




TRAMA




(Difícilmente puedo entender el desorden que se quiebra en los tapiales
de la voz. Allí donde los territorios están vacíos de palabras.)
Hijos de la piel raptada de la tinta,  el semen náufrago de la penumbra
sobre el desván irreconocible de la oscuridad,
—surgen los ácidos álbumes de las fotografías en desuso, los escaparates
hundidos de la nostalgia,
los rincones mutantes de la polilla y sus trocitos de manso escalpelo,
y las cortinas duras del subsuelo.
En la urdimbre de los personajes ensordecidos por la ablución del azogue,
la aventura incierta del reloj en el almohadón del trasluz.

Entre fósiles esperamos ponencias sobrenaturales: nuestro universo tiene
zapatos migratorios. Los insectos lamen los túneles de la noche.

Barataria, 08.II.2013 


lunes, 18 de febrero de 2013

MEMORIA

Foto de Music & Painting, cogida del FB Abilio Gomes da Silva





MEMORIA




(En la memoria no ha cambiado nada. Sigue siendo, después de todo, el taburete donde están uno a uno los recuerdos: las ansias, los rescoldos, todo lo que nunca se dijo. Ya no importa el que se va ni el que viene: en el taller del aliento, puertas y ventanas están abiertas. Sé que todas las peluquerías se volvieron noches inhabitables; cavo con disimulo en el cuerpo del poema, quizás debamos beber los mismos recuerdos o, acaso, interrogar los monólogos del polvo y revestirlo de trasmallos. Cada día tropiezo con el caos de mis párpados, ¿dónde aúllo mis soledades? ¿en qué alacena guardo esta boca lacerada por los husos horarios de la respiración?)

La hondura de los cojines se va adentrando a los cojines, pero en el brocal
son visibles las raíces de cuanta ebriedad acumuló la sed.
Durante la noche, el dorso de los faroles sacude las aguas del paraguas,
cada vez los sonidos de la piel, reverberan en el hálito del azúcar.
En la geografía del nido se agolpan todas las circunstancias, la tormenta
por ejemplo del azogue,
la isla nupcial en las manos junto a todas las formas posibles del tacto.
Nunca ha dejado la memoria de lamer mis abismos, aún mis pupilas beben
del espejo: crece el temporal dentro de la copa de la claridad.
—El tiempo siempre alumbra en ese vértigo terrestre del anclaje:
La memoria se queda aquí, en el espesor de lo andado…

Barataria, 05.II.2013 


domingo, 17 de febrero de 2013

VIAJE INÚTIL

Foto de I Crete, cogida del FB de  Mirela Ciortan






VIAJE INÚTIL




sur la table de travail dans un vague désert muet
je deviens fou de rage, d’humeu noire…
ÁLVARO MIRANDA




Las distancias existen.  ¿Dónde queda la tinta del poeta cuando la voz
se extingue? Mi viaje jamás tuvo odio, solamente sequía, hambre por el mar
de los velámenes. ¿Fueron los torvos bolsillos del crepúsculo
los que me volvieron apátrida, y tránsfuga del azúcar?
Soy hombre y no pertenezco a marcas ni patentes: tengo la verdad
por horizonte y las manos limpias de limosnas. A nadie insulto, ni al guitarrón
que zumba como duro presagio entre el tragaluz de los aleros.
Soy esas extrañas palabras inabarcables,
la palabra que por costumbre habita la nostalgia, la palabra inventario
en las esculturas de la lluvia, la pared de la noche en los anillos grises
de la tarde, el paladar que adivina los estatutos del vinagre y el jengibre.
Siempre he sido esa rara avis dibujada en el cuaderno de la ceniza.
La noche desnuda todos mis inviernos y es triste, es triste como todos
los fantasmas que llevas en tu propio vuelo.
Es triste ver los ojos fuera de su órbita, en las fauces atropelladas del pañuelo.

(Las distancias existen, como existen desorbitadas las cuerdas del reloj, como la marea del eco en el aullido de los coyotes. ¿Adónde va la muerte prematura y el bregar dentro del canasto del arcoíris? —Sólo fue noche el lamparazo del rocío, la hoja verde del temblor de los peces, el sol que se perdió en la sombra del deletreo, días y días en el pasto de un pasamontañas, fósforos grises al borde la noche. Las distancias existen. Existe la muerte prematura. En medio de los cáñamos de las sombras, la difícil tarea de salir ileso. Ya me he ido con la furia de las cruces en un campanario de niebla. Se oye el estrépito cuando cae la escalera y se rompen las llagas del alfabeto.)

Barataria, 04.II.2013 


sábado, 16 de febrero de 2013

ORILLADO

Foto de Travel Express, cogida de Verg Florea-Fil




ORILLADO




(Todos los días orillan el absurdo, se evitan, se eluden.  Aguas dulces y amargas, dolidos cauces, ciegas sombras en las persianas de la intemperie. Detrás de los viejos estertores, el sabor de la pena, el puerto que nunca alcanzó la lejanía o la danza macabra de la saliva: la pesadez ha vuelto oscuros los días como el tabanco implacable de la ceniza. Uno termina descreyendo porque todo se da en miniaturas, después se hace necesario caminar por las veredas del olvido, al ras del suelo, sin santificar los rieles apocalípticos del azogue que no pueden restañarse. Por desgracia la insania está en todas partes y ocupa las más altas jerarquías.)

—Sí, a menudo, la pobreza de los sueños es más elocuente que la opulencia
de los mismos, digamos, más visible entre alambradas,
alucinante en su penuria trágica.
Pregunto si en la palma de una mano cabe toda la luz, la transparencia
o si es necesario un costal de yute para ocultar
esos crecientes alaridos del crepúsculo, la demencia que abriga con avidez
ciertos platos,
la noche que está allí en su demasía de harapos.
(Más vale tarde que nunca.) —Así me habló el sigilo y la alegoría del espejo,
y la respiración de ciertos anatemas.

De todas formas, el trastabilleo suele ser fortuito cuando la brasa
se oculta en el mutismo de la bruma.
—Ahora creo que en la espuma, no tienen vigencia los cabildeos, sino ese
desvanecimiento, sin pena ni gloria, de la obediencia del fermento.

Barataria, febrero de 2013