martes, 30 de abril de 2013

REALIDAD

Foto de Casa Escultura Tiburcio, 
cogida del FB de Abilio Gomes da Silva. 




REALIDAD




Sólo veo tus ojos artificiales y la saliva que enarbola los mástiles;
al fondo del firmamento, ya están fermentados los ojales
y la sal hueca hace lo suyo…

Barataria, 27.IV.2013



lunes, 29 de abril de 2013

VUELO

Imagen cogida de la red




VUELO




Un hombre desde la ventana, mira volar su propia sombra:
sobre el plafón del espejo tiemblan las estrellas…

Barataria, 27.IV.2013


domingo, 28 de abril de 2013

HIMNO

Foto de Guto Rodrigues, 
cogida del FB de Círculo Cultural de Telde





HIMNO




Como el agua en el vaso,  el espejo abriéndose a los ojos.
Aún quema el frío en la fruta madura del cierzo.  —hijo de lo oscuro,
veo fluir la claridad sobre los aristas del polen.
(Hecho está, me quemo en la desnudez de la conciencia.)
Ahora sé que lo único perdurable es el olvido, me quito el vendaje
y le doy rienda suelta a los epitafios.
¿Gana la ceniza cuando contraataca el viento? —Seguro vos lo sabés,
que reverberás en lo irrestañable. Sólo hay lamparones
contiguos al firmamento y promontorios de agua llovida y muletas.

Barataria, 25.IV.2013



sábado, 27 de abril de 2013

INSOMNIO

Imagen cogida de: lamusicadelaluna.blogspot.com





INSOMNIO




La última vez que perdí el sueño,  fue por causa del Absoluto.
Desde entonces, —claro— dejé de pensar en los paralelismos.
Ahora me dedico a exhumar mis propios inventarios…

Barataria, 22.IV.2013



viernes, 26 de abril de 2013

ANDENES RESUCITADOS

Imagen cogida de la red





ANDENES RESUCITADOS




Renazco sobre la estructura sagrada de la brasa: mundo aquietado de las ascuas toda la siempreviva de la temperatura en el ojal crecido del día (en mi casa la niebla arreció sobre los columpios cada embarcación se tornó tránsito alucinante danza y locura la herida del sueño a veces acantilado el inconsciente de las veredas inmutable la alcoba de la vehemencia ante cada piedra la rebelión de los brazos: esperé noche y agua y viento y tiempo de principio a fin grabé mis estertores y le robé el cierzo al alba nunca dije que fuera fácil mi propia envoltura ni que el óxido dejara de hacer lo suyo entre un parpadeo y otro la hondura de la sal sin indulgencias) ¿qué andenes resucitan después de todo sin fantasmas sin infortunios con ventanas? ¿de qué apetitos habla la intemperie cuando lo efímero nos revela sus plegarias? sólo sé que caminar es un destino pese a tantas ansiedades memorables mi trabajo lo realizo junto al viento ¿quién busca la eternidad en el poema? sin duda la muerte: la percibo idéntica a los anhelos en el brocal irrevocable del calendario sí en el fragor mortecino del yute y las paredes en los sueños insostenibles de aquellas mareas miserables por suerte he sobrevivido a los gestos siniestros de la hoguera (hubo un tiempo de monotonías incesantes acechos inverosímiles hubo claro después de todo ciertas revelaciones: la paranoia en ciertos rostros los cascos del estruendo por suerte supe a tiempo que el aliento es ave Fénix y no mera alegoría) para ello el asfalto de la otra orilla me ayuda a ver la laboriosidad de las máscaras a multiplicarme sin sucumbir en el ahora del poema a menudo ciertas ceremonias son mera ficción: he caminado sobre tantos ahoras y fechas hoy me parece que todo fue sedienta ceniza piedra como tantas sombras que aspiran a ser fecundas por si acaso —ya lo he considerado— guardo mi inocencia para los nuevos inviernos que vienen: guardo la mueca de los cuervos ya no le doy crédito a las degolladuras ni a los bajos instintos de la duplicidad —en privado me aferro al blanco de mi propio pálpito la ceniza dejó de ser obligado taburete y repugnante martirio: en el resplandor uno alcanza a oír los otros aullidos el zapato mortecino de las envolturas  ¿qué urde el reino de las sombras?  (¿qué de la voz íntima en la alacena clandestina?)  asumo que cada quien tiene sus propios estiajes hay suficientes semillas para que cada quien haga su propio almácigo —entretanto —como ya lo he dicho— sigo con mi exploración acostumbrada: recuperar el misterio de la almohada y darle rienda suelta a las gaviotas y convidar a la fiesta del poema a la luz revivida…

Barataria, 20.IV.2013


jueves, 25 de abril de 2013

ESQUINAS

Imagen cogida de la red




ESQUINAS




(Siempre a la distancia la hebra de horizonte despojada de pan a menudo inocua la retórica del viento el salmo de las sombras en las esquinas amarillas del galope desde la otredad la pieza de museo de mis sentidos la sangre sorda de los silencios que me persigue: por siempre las monedas hondas del sonido y esa petrificada forma de la ceniza y la voz que cava en la demencia)

Llevo días de paredes sin ventanas, días detrás de persianas.
A veces los pájaros huyen como la niebla en la tarde, —¿Qué aguas
anochecen en el tejado? ¿Qué despojos muerdo en la penumbra de las manos?
Cada vez me alimento de lo burdo de los días, tendida la respiración
en el asfalto, en el ojo de agua completamente arrugado;
siempre estoy de rodillas viendo la brisa que pasa: el drama está disperso
en los recuerdos, en cada ojal que el suspiro abre.
(Ahora quiero borrar la aberración de las esquinas.) Quiero caminar, allí,
sin convertirme en una pieza de museo…

Barataria, 19.IV.2013



miércoles, 24 de abril de 2013

LIVIDEZ POST MORTEM

Imagen cogida de internet




LIVIDEZ POST MORTEM




Yo solo tenía una libélula en el corazón como otros son hermanos del vértigo
y llevan la aorta de las constelaciones acogida en sus sienes.
JUAN CARLOS MESTRE




Mueren los días los fuegos minerales de la ternura mueren entonces los peldaños de la escalera todas las batallas libradas por la voz  la niebla que desciende como un imán hasta los poros ese extraño lenguaje del bostezo: muere lo de siempre en pequeñas obleas de angustia (vivir entonces es caminar solitarios a través de aceras infinitas donde nadie te ve salvo la humedad o el conglomerado de los ascensores) ¿dónde está la voz que sostiene los imposibles?  muero en el estatismo de la orilla mientras llega el agua a la sed mientras le busco otro nombre a la ceniza ya he sido ungido de incendios para mi propia muerte me quedo aquí en el subterráneo del poema hay un invierno de increíbles rescoldos (la flama es pura como el aire que crepita en la tinta nada es extraño cuando es la piedra indócil la que perpetúa la primavera nacimos del prodigio del deseo la orfandad es el pesebre de mi muerte la niebla entre el girasol marchito el alfabeto del agua en la carne consumada por el viento) —¿hacia dónde va la palidez de la brisa  este post mortem de ala y sombra  el ojo ciego de la tumba que no escapa  del frío a quemarropa de los candiles? Ya me cansé de andar largos centímetros de tiliches: desangré mi espiga en acequias purulentas abrí desde mi ventana los combustibles de la transparencia aprendí —claro está— que los días tienen llaves y que uno puede lavar sus penas en un lavabo para después ser la flor blanca de una bacinica o el destello de un retrete el doble pulso de la piedra y el aire la maleza del zodíaco en la garganta  (uno advierte el pus  hasta que brota ese chorro amargo de larvas  hasta que el dardo se volvió insoportable:  hay estampillas grises colgando de las paredes de la niebla ¿alguna respuesta para toda esta eclosión? ¿de qué inusitado lenguaje quedó flagelada la carne del poema? —sólo respondo con el abrigo de mis espejismos tierra filtrada en mi nombre  negado y vulnerado por tanta espera) en el corpus de la turbación feroz el jaguar póstumo de la voz amarilla de la memoria es extraño meterse uno en los anillos de la quimera en la imagen y la semejanza lo irremediable del fuego  el perenne hervor de la saliva el alborozo invencible de la muerte y la pala que tenaz escarba  en el último itinerario de la lámpara —desde luego si la tumba es mi morada  qué más puedo pedirle a las antorchas  qué más gruta que el cuaderno espeso de mis respiraciones:  uno aprende —sin que el sollozo también se amortaje— que es júbilo también la voz apagada que es música el pulso consumado  irrepetible como el primer suspiro del orgasmo en el agitado destello de las relecturas  después —sin alarde alguno— todo seguirá siendo noche o día y allí en ambas caras de la moneda habrás de ver mi sombra con tu mueca pudibunda después la conciencia hará lo suyo (yo ahora me he liberado de mi propio cautiverio: asciende súbitamente el aliento al anunciado sombrero del rocío)…

Barataria, 17.IV.2013


martes, 23 de abril de 2013

REITERACIONES

Foto de Nicu Alifantis, cogida del FB de Mirela Nicolae





REITERACIONES




El nosotros sin embargo se presta a muchas interpretaciones falaces y fálicas: cada palabra se deteriora en los fregaderos el odio acumulado  nos hace vulnerables quizá ante ciertos fracasos sea necesario la técnica de la parodia: vivos nos mitificamos en cierto modo en cada reloj que atraviesa o deambula en las calles fuera del arcoíris pulsa la tristeza como la insania que palpita en el poema en medio de la aguas del mar nos volvemos irreconocibles casi perdemos la mística de las palabras del cuerpo aúllan los témpanos que rasgan las sienes inermes como rocas las alas al punto de adherirse a la piedra ¿qué bestias abaten los sentidos el medio punto de la sal el aliento desvaneciéndose en la hojarasca?  (la cripta es gélida sin un cuerpo que la ocupe ayer era la sombra del azogue ¿la luz? jamás fue visible en la forma del estrépito jamás fue quietud la centella se desplomó el diente sobre la fronda de la piedra todas las cosas que conozco amanecen en las palabras todos los pensamientos entregados al roce del rocío) la noche tiene sus propias vestimentas pero se desvanecen en las pupilas la muerte honda vacía los cadáveres ahueca el léxico y todas las formas perfectas del subjuntivo cuando duermo claudico en sus límites ¿existe entonces un horizonte para los muros?  nada ante el espasmo del horizonte nada en el día de la resurrección de la textura de los poros  (el volumen sólo es una sensación de la memoria y no cabe en el calendario ni en la letra con manchas de sal en las pupilas) siempre me toca partir de hecho lo hago todos los días la movilidad siempre es una hipótesis del vaivén ¿volveré a reír con la espuma de afeitar en las mejillas? evidentemente uno tiene que moverse sorteando la aleatoriedad real del estiércol  entre el alud del cieno y las agonías que lapidan cualquier imaginario de pronto pienso en los condenados a morir frente al espejo  es demasiado alto el precio que pagan  los que nunca se encontraron los que se alimentaron con boca ajena los que frotaron sus manos esperando un milagro  ¿puede estudiarse la basura desde el punto de vista de epistemología?  de seguro algunos desde la altura contemplan su propia angustia: las arrugas el diluvio de esquirlas y quién sabe si hasta las alambradas de su propia fatiga  (por si acaso ya he lavado mi ropa en casa no en la del vecino) de pronto somos tan pequeños como un minúsculo cartílago colgando del ventarrón del desvelo: es imposible no secar la frente cuando llueve el insomnio tritura la plenitud y deja al descubierto el disfraz (siempre es una suerte horrorosa respirar en la inconciencia del pecho amortajado al fondo se oye que rechina el breñal) descanso en la ardilla del desconcierto es posible que la próxima página no tenga insecticidas ni en las manos anden las pulgas como un destino —tengo sed y quiero dormir despacio no deseo que el bullicio me agravie…

Barataria, 14.IV.2013 


lunes, 22 de abril de 2013

FARZA

Foto de Sunt roman, deci pot, 
cogida de Fb de Pop Luminita Mirela 





FARZA




He visto las buenas y malas costumbres: mientes justo a la jerga de tus días mientes con la atrocidad de la infamia  llevas un suburbio de sombras en cada ojal de tus ojos, de la boca y entrecejo sale la descorporeización de las cosas todo harta: la ceniza que brota de la miseria la otra cara horrenda del espejo ¿hasta cuándo dejarán de perseguirte tus propios demonios y dejas de verterlos  en cada palabra de infiernos que pronuncias? (el cielo y la tierra me saben a carnicería) hay otros desfiladeros donde puedes arrojar tu sed de maleficio no puedes apedrear los nombres y lo zapatos no puedes andar con tus cadáveres en el pecho ni ponerlos en manos ajenas (nunca tuve buenas noticias al menos no lo recuerdo) los días se gastan vencidos por tus manos ¿existes? no creo que no existes la paranoia te sucumbe el deseo de ser alguien te desvive supura de tus poros el insulto vas siempre con tus cuencas vacías e imaginas que todo el mundo está en tu contra vives en un absurdo de ciénaga sueñas ríes tu sonrisa es otro cadáver que deambula por doquier ¿dejarás de andar en lo inmundo? te veo arrastrada en espiral con tus propios vacíos allí en tus transpiraciones el drama convertido en hacha inexplicablemente como una cadena oscura al cuello: te asfixian tus propias obsesiones ¿qué verdad hará verdad tu máscara el antifaz en el que guardas tus días oscuros la miseria que derriba tu juventud el lupanar de tu inmoralidad la mierda que te muerde el hígado?  es triste herirte y que me hieras deglutir la lentitud de los brebajes el alimento de la fanfarronería: tu propia y pálida desdicha tus sensaciones de delirios al borde de las esquinas de tu infancia (seguramente la noche te cobra todos sus muertos porque vives en los pensamientos de la medianoche caminas aúllas atraviesas las calles como perro con rabia te metes y no sales de ciertas fotografías te alimentas huérfana de los ojos de los demás urdes feroces esquinas de tabaco te arrimas a la cúpula de otras manos a los techos de al lado vigilas espías vacilas sé que estás huyes y rehúyes  te metes en la polilla de tus anaqueles apenas tienes tiempo de devolverle al horizonte su lozanía) ¿hasta cuándo? ¿hasta cuándo tus propias demencias? ¿hasta cuándo entonces la pústula en tu pecho? ¿hasta cuándo tu dedo inquisidor tu adhesión a paredes oscuras tu sexo de infierno?  simplemente es triste ser la sinfonía de la zarza fétida ruina de taburetes sombra resignada a la blasfemia  (también se muere por estas calles de la sombra) sé que seguirás escupiendo tu propio veneno sé que jamás te seducirá la nieve si acaso la alcantarilla con sus larvas fétidas si acaso la lluvia manchada de fuga si acaso tu propia demencia en el hollín prostituido de tu alcoba si acaso el falo del cadáver sobre tu lápida… (perpetúate en la grieta de tu propio dolor sigue con tus monstruos purificando los periódicos)…

Barataria, 12.IV.2013



domingo, 21 de abril de 2013

NICOTINA

Imagen cogida de la red




NICOTINA




La nicotina también es un río que conduce a la muerte al menos así reza en el humo apagado de las campanas cada nube negra esparce zapatos calcinados y fauna de una sed de no sé qué estanque ebrio voy en medio de trocitos de hojarasca trepo a los años sombríos de mi voz bueno también regreso a los años de mi infancia al dorso del témpano de las estrellas y a las palabras que empezaron a curtir mi piel (siempre creí que alrededor del aliento habían adioses y resplandores que la fuga no los haría permear  de pronto todo reverbera en palabras sombrías —sé que fuimos expulsados de nuestros propios cuerpos— hacia la adustez exacerbada de la sombra nuestra sangre se corrompe en los molinos de la sequía el grito deja ecos de extasiada geometría ¿dónde caen las monedas cuando la lluvia moja las pupilas? —quiero preguntárselo al filo de la almohada) vivimos entre extraños témpanos de estatuas a oscuras en la sordidez del vinagre gastando las colillas del azogue mordiéndonos en el acodo del espejo  descendemos sin pudor al humo postrero de las escamas de la neblina: ¿dónde está el aroma del paraíso? ¿somos acaso la carne arrebatada para alimentar el olvido el agrito asido de invisibles tactos?  (la carcoma por si acaso es inminente) en el semblante y como una vieja leyenda  las córneas funerarias de las cataratas el tránsito de la roca que nos extorsiona (siempre he sido hijo de la muerte) nadie detiene esta cascada en espiral de la escarcha nadie sabe más que el viento cuando sucumbe o roza los límites de la pelvis  (en realidad nadie entierra a sus muertos los entierran otros) conocido es el ojo que muerde las vestiduras —yo dejé de ver cuando me perdí en la superficie de las planicies móvil zigzag de las aguas trepando a mi garganta (la memoria a menudo de torna caravana de soledades) lo sé ante el semblante de la usura: esta fiebre de sangrar y morir arruga los dedos de las sombras ¿en qué podredumbre he estado siempre? ¿quién engusanó de automatismos mi herida esta forma de ser de mis pesadumbres en los párpados apenas veo ¿está aquí mi rostro después de la rabia de los espejos? en lo oscuro los mismos rostros de la oscuridad: el murmullo nefasto de las estaciones la sapiencia del embudo las cáscaras de la insania y la lengua en su batalla de alfombra donde uno pone lo humano la batalla del humo en la raíz de las palabras el clima seco de las ansias: sin quererlo tuve que aprender a caminar entre la tristeza y el rostro a plazos de la demencia ha sido un temporal de granito en el ala: sin duda la nicotina permea hasta el último poro de la ropa (sólo la perseverancia ha podido librar esta batalla adusta: reírle al enemigo y ponerle azúcar al ventanal de sus pensamientos) por cierto las lámparas en medio de todo este caos hacen el trabajo de una epopeya…

Barataria, 12.IV.2013


sábado, 20 de abril de 2013

MIEDOS

Imagen cogida de la red




MIEDOS





Ese largo y angustioso escalofrío que parece mensajero de la muerte, el verdadero escalofrío del miedo, sólo lo he sentido una vez.
RAMÓN DEL VALLE INCLÁN




En el bolsillo de la conciencia la llave maestra de los miedos: ese saber que el tiempo nos desafía con cierto inasible retorno desde luego hay algo que el desvelo nos recuerda: el designio o la tiniebla no siempre es Aladino para que nos acompañe en el viaje de transitar sobre coces de granito (si el tiempo nos alcanza habrá ángeles esperándonos al otro lado del río todo espectro es la forma fatal del cuerpo que en el trance íntimo ha perdido sus límites) ya los veremos partir cuando el instante recobre el sosiego necesario cuando el agua subterránea aflore en las sienes desde la altura avanza sinuosa la tea reclinada en el tejado a veces el temblor es una veta de termitas que hacen tambalear los puntales del cuerpo ¿habremos de soportar también el desmoronamiento de los toldos del rocío y abrazar el despojo de por si insoportable?  (sobre las paredes el sonido traza sus propias utopías surge el estampido de la ciudad hacia el desequilibrio el ojo pierde su querencia hacia lo inmóvil allí se desmorona el follaje como fragmentos de la herida telúrica) todos los días nos poblamos de ellos: a veces pétreos en el bolsillo a veces tan viejos como la penumbra danzan en la mesa por burdos que sean nos mastican con ijillo de cementerios están como fértiles cadáveres en el intemperie azoran sin disimulo las acequias y hacen su trabajo de cárcava en el resuello  entre lo claro y oscuro de las semanas despiertan en la hoguera del poniente —no duermen ni desaparecen ni escapan— son ese río callado que se columpia en el íntimo velero de los pétalos ¿quién escapa de su siglo de hélices?  ¿quién duerme sin dejar de sentir la rugosidad de su fuerza hiriente? ¿quién reposa en la malicia de sus aguas? —en medio de su imperio obcecado no caben los remiendos ni la blancura ni el nido donde el cuerpo no se ahueque  todo es prominente en la inmensidad del caos ante el vértigo la santísima trinidad de las alucinaciones la imagen matriz de la ceniza y hasta el aliento que cava su traje —desde el desvarío la palabra que pasa a ser sollozo sigilo del Fénix en la ronca raíz del desasosiego ¿es filial acaso este sombrero de ventarrones?  después evocamos mientras avanza el sosiego aquel múltiple juego de zancadas la voz quebrada del paraíso las siluetas dentro de otras siluetas sobre la losa sucesiva de las permutaciones —Miedos ¿quién dijo miedos?  cabalgan como la brasa del rescoldo y aunque no sean visibles  duplican espejos y rodillas (son esa rama ininteligible de la memoria que desabrocha la armonía) ahora sólo hay que dejarle al azar la mensajería del tiempo y despertar cada día sin ese anzuelo de nefasta herrería…

Barataria, 09.IV.2013


jueves, 18 de abril de 2013

RUMOR METÁLICO

Imagen de Lourenzo Leonardo, cogida de su FB.





RUMOR METÁLICO




Me sumerjo en los ruidos desteñidos del balcón vacilo ante los crudos metales que atraviesan mi garganta ¿hay lámparas para mis pies después de tantas ausencias?  son demasiado altas las paredes ennegrecidas de las enredaderas: lleno mi tórax con los algoritmos del rumor hoy ha emigrado la humedad hacia otros territorios el metal fundido que comienza a confundirse con la tierra todo parece inofensivo cuando aprieto el grito desde lejos el nudo del tiempo de las edades y el tragaluz del río que me alcanza hasta la desesperación ¿de qué suburbio salta el vendaval de la saliva?  ¿de qué espumas ha sido hecha la cólera de los poros la sed de las sienes  el fragmento de sombra que me empuja hacia la ceniza? —tengo los calcañales incompletos de tanto caminar y la lengua como una gota escindida de espesura  (el matorral suena como un temporal de hojarasca) frente al designio los pañuelos humedecidos los techos roncos con la tierra quemada y las ramas del infinito agachadas por la lluvia ahora recuerdo que en la ebriedad aspiré estrofas de espejos muertos mordí el caballo oscuro de la almohada y entré a los huecos del infinito sin ninguna armadura salvo la conciencia de sudar y soñar (el equilibrio termina por ahogar los puntos cardinales por eso es necesario una cucharada de desquicios) ante el pájaro picoteando los espejos alucinan aquellos meses con paisajes de neblina pero oscurece en los nudos desafortunados del eucaliptus oscurece en la gimnasia de la tinta oscurece en los cordeles de la lluvia oscurece en el sillón de los espectros oscurece en el semen sin memoria oscurece en el cripta donde navego  oscurece en los alhelíes sedentarios del aliento  oscurece en mi sombra: siempre tengo la sensación de partir la sensación de desvelar paisajes recónditos la sensación de que mis manos tocan la materia el pozo redondo del relámpago (vengo de un tímido taller de pájaros siempre hubo diques en la cima de las bodegas obedezco a este orden de aurora manchada desemboco sin pelea alguna en lo póstumo no hay más náufragos que mis zapatos acabados no hay más llaga que la flama de los sueños aquí humano como soy desemboco en la tumba a la velocidad de la zozobra de la pala a la espera que se cierre el último roquedal con brújulas desdibujadas) ¿sabe el viento de estas aguas metálicas que tocan a la puerta del vitral orgásmico de las lámparas? —hoy por hoy envejezco de hambre al borde de la sal de los prontuarios nada queda invisible ni siquiera las cadenas que desgastaron mis anclas ante el ahogo o la carcajada siempre el andar como el oficio de la leña: quemo mis dudas y certezas como un viaje memorable el dolor de lo efímero no me quita el sueño…

Barataria, 09.IV.2013



miércoles, 17 de abril de 2013

NEGACIÓN

Imagen cogida de la red




NEGACIÓN




Cultivo una rosa blanca…
JOSÉ MARTÍ




Mientras los demás me niegan transito estas viejas calles de la memoria nunca me falta por supuesto el pan de cada día aunque los muchos coman de mi pan y tortilla (alrededor de la agonía hay tantas preguntas sin respuestas) ¿es suficiente el olvido o callar? sé ahora que sembré jardines entre la niebla (la breña siempre arde a través del tiempo y se deshace) reúno aquí mi propio silencio exaltado todo cuanto quiero borrar de los relámpagos todo cuanto ha sido inútil destello en el sendero: aunque me borren estará allí la pared derruida de la tinta lo irremediable lo terrestre la vanidad y sus variantes pronominales estará allí —en los otros— la estación sufrida de los ecos: mi ventana transparente dejo al tiempo que haga lo suyo: sigo —no importa si es en la tarde o entre matorrales— con mi oficio irremediable de resplandecer (dejo la ventana entreabierta) que otros hagan lo suyo y soporten su propia humanidad nunca he entendido los alientos macilentos la mala leche de las alacenas la espina persistente los dominios cercenados del rocío  (por desgracia la ponzoña nunca goza de asueto ni la mala crianza) sustentos sin monedas de la sangre ¿cuándo acudirán las manos limpias a la mesa, sin que acechen las perversiones terrestres, sin que la mosca intente la voracidad y deje su rastro de sombra obscena? cada vez reconozco a los pequeños seres que pululan alrededor de mis oídos quizá es que la memoria oscila en el estanque de lo inaudito y las arcadas de la infamia la retratan los andenes (hay que nacer de nuevo y limpiar las luciérnagas tal vez las consonancias den otra luz tal vez el escenario no sea de bostezos y las palabras dejen de atrapar la escoria sacada de los rituales de la soledad) jamás he podido entender esta modorra de hibernaciones ya estoy exangüe de pequeñeces y abismos: cada quien que amarre sus demonios en la tarde abisal de sus reniegos cada quien que cuente las estrellas con sus propios zumbidos —me parece horrible la carcajada descuidada el disfraz del sangrado y el crucigrama como forma de atisbar la brasa dejé de entender ciertas comarcas desgastadas dejé de distraerme en las  imágenes del polvo: para cada quien existe abundante claridad y no sólo remordimientos imposibles desde el umbral infinito aprendí el movimiento de párpados de la jauría jamás me asusté por más desdén que me dieran ciertas funerarias: a la hostilidad le ofrecí mis sueños y sobreviví al semblante huraño antes de tocar con fuerza las cuerdas del aliento para cada día tengo una sola mirada: cada quien debe desafiar a sus propios demonios sin asedio ni ademanes a otras aguas (es una maravilla sentarse con hambre a la mesa y jugar con el deseo: lo otro siempre formará parte la mitología humana para ellos “cultivo una rosa blanca”)…

Barataria, 07.IV2013


martes, 16 de abril de 2013

ARTE DE MORIR

Imagen cogida de decoracion-de-interiores.net





ARTE DE MORIR




Hago poemas como quien llora.
MANUEL BANDEIRA




Muero cada día en la desnudez de una palabra en el nicho que me dejaron los amantes del vértigo en la cama tísica de la res tiesa de tanta sal en los poros (el arte de morir es el arte del rocío el desahogo por cierto a tanto desvarío) hay que morir con altivez como se muere cada día en el poema  (después resucitará la ráfaga de la tinta victoriosa en el cofre de las pupilas) desnuda la anatomía de la cárcava que nos espera  debemos saciar hasta el último centavo del desvelo morder todo el incendio que destila el aliento  con la urgencia de lo remoto miro desde el poder de los candelabros toda la oscuridad que engrasa a la aurora la flama que madura y pervive en el dolor ¿Con qué obsesión dejamos partir las estaciones?  ¿rasgamos con audacia  el remoto crucifico que desemboca en la tumba? durante cada día me he preparado para esta antigua quietud de la boca  ¿habrá paz cuando llegue a explorar en lo oscuro de las paredes mi vínculo con el musgo y los peces que escaparon de las aguas?  No me aflige despedirme —ya he vivido bastante la indigencia— cuando he convenido poner mi alma en sosiego (siempre la muerte sopla desnuda resplandece en cada palabra) no me resisto volver al polvo aunque sé que me hará falta el arco iris con todos los siglos de misterio (cuando el perro ladra en la deshora recuerdo el mundo el pelo trenzado en la sopa sumergidos los atajos hasta el punto de perder la vista:  no dejo ningún memorándum ni siquiera velitas encendidas a San Antonio a San Judas Tadeo al niño de Atocha a la Inmaculada Concepción  no dejo nada sencillamente nada he pagado además por adelantado todas mis cuentas entonces sólo entonces puedo ordenar las especias en la alacena incluyendo la sobremesa con cubitos de hielo y ojos de felicidad ahora sé que debo ponerle cándado a mis manías personales cerrarle la puerta al desconsuelo y bajar la voz por aquello de lo innecesario la muerte es como el olvido —se apaciguan llegado cierto momento—  entonces hay que dejar que otros se encabriten bajo la llovizna) mientras todo está destinado al vuelo la tumba y la piedra seguirán allí imperturbables corpóreas como los cánones del sueño hondas como el agua intemporal a esta paz que me viene las manos derramadas en el camino de todos los días y tal vez el rostro entre tantos artificios ahora es inaudible tanta voz que interfirió en mis calcañales ahora estoy en la undécima hora de mi día favorito: el hoy que solamente tiene éxtasis el hoy que habita en mi memoria  el hoy que humanamente calla ante la hojarasca entro pues de raíz al misterio para no describir toda la sed que me reencarna —Mutis: (si ves sólo eres espina en mi emotiva fábula por si acaso te di por adelantado mi diezmo de arcabuz la obra maestra de la vida es la risa y cierta anacronía con espejitos de lágrimas…

Barataria, 06.04.2013




lunes, 15 de abril de 2013

HORAS [MERA DIGRESIÓN]

Imagen cogida de la red





HORAS [MERA DIGRESIÓN]




A la poeta Angélica Santa Olaya


Cae sobre mi como un rocío silencioso, 
ROBERT HERRICK




sin duda hay cierta bestialidad en las horas: cualquier hora nos ata a su red respiro sin saber qué tiempo nos vendrá sin saber qué abismo nos espera con antenas parabólicas en el ojo es como una marca de fuego de las profundidades donde se hincha la noche en estas pulgadas de pestañas de todos los días no sirven los lavabos ni el papel celofán para curar la gripe alguien me dijo que el tiempo carece de memoria y de inteligencia las ideas —me lo reiteran con un dejo de énfasis— son para verse en pantalla gigante así como los pezones en las esquinas sedientas de la luna en realidad todo me parece fantástico cuando debajo de la sábana se suscita el monólogo y empiezan a girar las estribaciones del mal de ojo de la herrumbre siempre procuro detenerme en la escarcha amarilla de ciertos nombres sobre todo cuando las aves cruzan el lento abanico de la angustia ya he sepultado —claro está— otros nombres: llámense puerto y lejanía (siempre lo he dicho sin ningún reparo: tengo ganas de platicar lo respiro tengo ganas de apretar el susurro morder la ropa íntima de las mañanas pacificar la geometría de la cuerda del reloj describir la cigüeña de mis nostalgias en la página del día siguiente darle consistencia a los minutos de sudor a veces arriesgar toda la corbata del viento para anudar los poros reclinar el sofá del almendro de río y continuar con la estrofa indefinida del siguiente poema) ya falta poco para llegar a mi estación —me digo con cierto vértigo— ya falta poco para darle sentido a los contrarios el tiempo me parece una especie de cosquilleo donde tengo que inventar ventanas desmenuzar los adobes de las paredes reírme de la próxima valla publicitaria que encuentre a mi paso (supongo que siempre es fantástico reír, y babear claro frente al paisaje del espejo) —Reírse uno —claro— pensar que mañana en las dolidas aguas de los huesos ya no habrá sino un sinnúmero de gente echando a la tumba puchitos de tierra (por supuesto nunca entendí este ritual) —es solemne lo he visto tantas veces que ya dejó de ser asombro y ha pasado a ser mero automatismo como este caminar fijo sobre aceras desgastadas me veo petrificado quizás es parte de la misma mesa delante de mis ojos  de la misma cintura de fuego con la proximidad de las palabras sé que hay palabras que huelen mal el ijillo que rodea a la madera la edad de las horas huele mal la libertad huele mal el amor huele mal lo móvil huele mal todo acto de pacificación huele mal la sábana del último alero de mi respiro huele mal la grieta del atajo del hipocampo ahora estoy más cerca que nunca al borde las horas cobra especial interés el cansancio de la corona de espinas el petate que se acostumbró a un cuerpo solo huelen mal los roedores en la boca del sostén: en tanto pasa todo esto el silbido del tren postrero arrecia entre la mugre de los cabellos despierto luego de este largo poema de cenizas…

Barataria, 05.04.2013


domingo, 14 de abril de 2013

APOSTILLA PARA MI MUERTE

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APOSTILLA  PARA MI MUERTE




La oscuridad vive en las palabras que descifran la muerte.
La oscuridad habita los suburbios de la belleza.
JUAN CARLOS MESTRE




en el anonimato de los sueños el vergel encontrado en la gruta de la saliva los días erizos en la sartén  donde el pez bracea con el primer elemento del azúcar: anduve con todas las heridas de los días de la semana nunca me faltó el tiempo desgreñado de la sapiencia los endosos del paisaje nauseabundo o la escritura en el atlas desnudo de algún cuerpo que murió conmigo cuando avanzaron las compuertas del fuego antiséptico de los tapiales  (ahora me digo que ya es hora de dar la media vuelta y adentrarme en la madera morder el ojo negro de la cruz sorber el polvillo de las vocales alzar la voz y dar las buenas noches aunque escupo sobre las líneas curvas del mundo —me excuso—  a veces hay mañanas con poca simpatía si fuese mujer este instante me gustaría avanzar en zigzag hasta llegar al conocimiento del viñedo antes que el tren levante sus arenillas) sé por modesta y propia experiencia que los zaguanes hacen su propia gimnasia ah estos viejos recuerdos que tiritan en el reloj sin dejar de desangrarse en su escritura ¿qué lámparas ahorcan mi aliento la sinécdoque del parentesco atormentado  el festejo del ojo debajo de la sábana los celajes del encaje en la alta velocidad de la dentadura del jadeo? —ríe la noche en el tintero del café negro del deseo: en la página en blanco trotan los notarios y boticarios  los caballos salvajes que huyen de la muchedumbre la oscuridad de pronto que empluma los cuerpos con frases a menudo monstruosas  al lado de la almohada la mesa de noche el taburete hacen de las suyas: (siempre escribo en razón de mis sueños  y lo hago con cierta irreverencia hay tanta breña que me cuesta respirar) ¿es el espejo el albor de las sienes u otro duende que resucita en la sed? —en realidad ya no sé el número de bocas que me trae la lluvia todo es breve como el tren del amanecer y sin embargo siempre perdura lo inverosímil las variaciones del metabolismo el sofá desportillado de las campánulas —cuando pregunté si vendrías a mis ajetreos sólo respondió lo inaudible (el sueño siempre es el mayor desatino de las tapicerías —lo sabés lo sé— sin querer también el aliento se extenúa: no es suficiente la inmortalidad para avizorar los presagios (la intimidad es una telaraña desafiante en la siesta de las espinas) claro mucha de la vida está calcada en papel carbón por eso es fácil desvanecer el vértigo y los contrastes la tortura que nos inflama las sienes  (por si acaso siempre hay un caminito con adoquines para la fuga) de cualquier modo el tiempo siempre calla las costumbres las hace desaparecer  después nos parece que todo era una especie de cuentecillo para niños de primaria sí tampoco es que se nos acabe el mundo cuando se terminan las ganas de amar (hay que darle amnistía a ciertos agobios) desde dentro de mí oigo la repartición de los meses: no sólo de laberintos están hechas las cruzcalles sino de filiales sombras como la tuya o la mía alrededor de los arbustos de la intemperie o el desvelo…
Barataria, 05.IV.2013


sábado, 13 de abril de 2013

TALLER

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TALLER




La puerta de par en par, los apetitos a través del umbral.
(Más allá del ojo los pájaros cuadriculados de tus poros: mi muerte
zodiacal, la secuela del designio.)
Después de tu boca, ¿cuántos caminos para olvidarme de la fonética
de los reflectores de la noche? ¿Cuántas palabras juntas
antes de las funerarias? —Voy resbalando en la gota de mi propia demencia,
¿Es el poema la forma de destruir mis sueños, la otra página de mis vísceras
justo cuando los cementerios desenfundan
todos los nombres de los nichos: las relojerías embalsamadas, el charco
de agua profunda del grito,
todos los lugares donde la tinta dobló las paredes de la bruma.

¿Dentro de qué catálogo aúlla el suplicio de los cuerpos, la escritura
como abrigo a la ceniza? —Moriré en el pantano incendiado de tus pestañas,
moriré en las encías henchidas de los sueños, (cada quien cava —lo sé—
desde sus profundidades, la perversión de sus retinas.)

Si algo falta o sobra en el poema, es la vigilia y esta necesidad de oruga
frente a los años duros de los párpados.
Si algo no está escrito (lo que le falta al poema) es el parpadeo del semáforo
para traspasar las obsesiones, el espantapájaros desnudo en el subsuelo.

Barataria, 13.IV.2013