lunes, 31 de marzo de 2014

MINISTERIO

Imagen cogida de la red




MINISTERIO




La ilusión de la luz viene a llenar un vacío
en este cielo ensangrentado de pies de versos
que vagan al acaso
sobre espinas de nube y quejas de universo.
Juan Larrea




Vino y anduvo entre lo inverosímil la luz ahí como un bulto de abstracciones: el orden era el caos monedas conmociones  el nahual en ráfaga de pensamientos en cada escena la dispersión de las parábolas las multitudes filiales de la jungla abrimos cada puerta pero el ambiente enrarecido impedía sentir la afabilidad de las palabras: vino sin armas y en medio de aquella aridez de la tierra entre matorrales fue desahuciado fuimos severamente expulsados así estaba escrito en el libro de geografía fue la ráfaga alevosa la que mordió el aliento el monte escarpado desde el cual se alzaban las palabras antes de que la memoria fuera amortajada ¿en qué momento se perdió el Evangelio o sólo fue una instantánea en el templo de los de a pie? (la libertad siempre pretende borrar las imposturas del ojo) en la traición la rotura de los trenes y el desparpajo el grito o el sollozo ¿quién es pues el hombre de los hombres hecho alegoría?  mientras camino el tiempo extiende su sombrero los instantes escabrosos del aleto es difícil hablar con las semanas y recorrerlas ponerle punto final al nacimiento: hoy sé cuál es el peligro de las cronologías y la negación del gallo  y la negación a la asunción hay tantas suposiciones y ninguna coordenada hemos acumulado la dicotomía como una diadema de vagones inverosímiles aquí o allá la historia de la noche es densa la escritura dialéctica de las telarañas ese hilo que se rompió en la escritura de los días postreros  negamos el cuerpo vivo y su caligrafía y dibujamos en cambio identidades ajenas en el imaginario colectivo el lenguaje utilitario de las agujas nos hace morder la puerta hedonista de la carne ante cada sermón invocamos el portafolios de los sofistas ciertos magnetismos del escalofrío era núbil entonces el pensamiento el celaje de la ropa y la orilla del río del cierzo ¿qué pasó? algo se perdió en el oído en el olfato en las repisas del paisaje ¿fue real el tercer día? ¿acaso trampa? ¿de qué materia hacemos la hostia y las palabras y el madero incendiado de piel y los clavos con la lujuria de la sangre y la muchedumbre en la viscosidad de la ceniza? puedo jurar que ya no somos los mismos desde el último orgasmo desde entonces aprendimos a morir en silencio desde entonces enmudeció el júbilo (siempre la muerte es un viaje solitario desde los rincones de las horas siempre hay prisas en los absurdos de la desnudez) luego la turba y sus amargos juegos estupefactos ante los espejismos del oasis pronto nos damos cuenta que todo estaba escrito: el implacable martirio de las estaciones donde el cansancio fecunda la saliva seca del páramo pronto sabemos que la espina es niebla y que en la cueva no se alimentan las sandalias oramos lo sabes en la intemperie de nuestros cuerpos enredados en los brazos del horizonte mordidos por el despojo de lo inerme un día ya no seremos y sin embargo seguiremos siendo ¿magia? ¿clarividencia? ni siquiera sé quién alimenta esta vigilia deshabitada ni siquiera sé de la próxima caída después de haber caído tanto (vos) como la Magdalena cautiva en el lenguaje de lo inaudible embriagada de muerte y luciérnagas descrita en un imán de sombras: al final existe una luz quédate: aprendimos lo irremediable del letargo bebimos la tormenta allí del cáliz (toda compañía es memoria toda luz es flecha no parálisis) al término de la calle del calvario el alto viaje de la música y el misterio infinito para muy pocos…
Barataria, 23.III.2014

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