lunes, 29 de septiembre de 2014

APLOMO

Imagen coghida de la red




APLOMO




En el fuego reposado de las aguas, también se aquieta el muelle de los nombres:
hay tantos retratos en el índigo de la rama del árbol, que de pronto,
es necesaria una introspección exhaustiva. Me lo dice el pulso de la memoria.
(Nada desdice el curso de la fatalidad y su pútrida espuma.)
Un solo pensamiento arde en la tinta de la flama: a cierta edad, el alba, también,
se ha tornado agua mansa,
quizá porque los cansancios hacen su propio castillo más allá de los periódicos
y la ciudad asfixiada por el tráfico. (En el salmo del rocío, sin embargo,
resulta estimulante el pájaro sin paraguas que sale de los inventarios de la lluvia.)
En el cadáver de mis brazos se sostienen los ataúdes del zodíaco.
En los bolsillos, por desgracia, el chancro de la usura y las intoxicaciones
del entendimiento y esta voluntad de ponerle ungüento a las caricias.
Pese a todo, aun permanece limpia nuestra ropa. (Ya no nos amedrenta
el tambor de la tormenta, ni el ojo tras otro ojo que desteja y descuaje)…
Barataria, 28.IX.2014

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