lunes, 3 de noviembre de 2014

COVACHA

Yves Tangus, Óleo sobre lienzo




COVACHA




Garfios invisibles de los árboles se contonean
obscena marcha de maniquíes somníferos,
la sombra de los astros es un zorro en su gruta.
Michael Leiris




La mugre al alcance de las manos esa tragedia de rodillas que casi nadie ve incluso ni revelándose leo los días de la semana desde estos miserables candelabros que cada día se prolongan en la litografía indefinida de las pantuflas siempre me pervierten los días oscuros el chasquido de los bolsillos sin monedas y los golpes los pantalones viejos del grito las bocas las pequeñas bocas sin camisa como el mudo espesor del índigo los estómagos atravesados por bodegas vacías tintinean los ídolos y la saliva la agonía de Dios y los cuchillos la espera de los dientes frente a las sombras en medio de taburetes agachados la lejanía quemada en la garganta me estremezco ante el ojo negro que lanza señales de humo (soy otro más que engorda con sorbos de miseria) otro que muerde los pulgares de los semanas y los meses otro ingenuo pensando en la indulgencia desde la propia inocencia o ingenuidad aquí apenas llega la voz desentonada de los periódicos solo la caravana divertida de los ataúdes la espera que a veces sesga toda racionalidad —pero vos al otro lado de la marcha triunfal reís sin agonizar aquí se pudren las monotonías en medio de la ceniza el humo y la chatarra que sueñan el paraíso ¿hacia qué transparencia van todas las ansiedades vestigios del futuro? nacimos así en la tumba del ojo de la noche entre los ilusionismos que alienta el espejismo oscuros sombreros de polilla sobreviven a mi ignorancia no tengo más suerte que la de los desposeídos: despierto siempre con la misma ración de recuerdos entre bocanadas de crepitantes dolores voy como van los descalzos redoblando los caminos bajo la fruición de algún hígado putrefacto aun así rasco las piedrecillas para sacar canciones el yugo en mi cuello a veces la noche se devana en mis manos pero no importa si acaso lo importante es que la oscuridad es mi casa este mundo de complicidades siniestras donde uno siempre está en el vestíbulo del frío ante el murmullo de la lluvia frunzo mis carnes el duro puerto de los deseos dilatados el ayuno nunca es transitorio sino definitivo dónde está la luz y su almacén de divisas es raro aquí este callejón de innumerables insectos nada hace distinto el juego ni siquiera las abstracciones del vía crucis ni siquiera la puerta entreabierta de los atrios con sus comensales diurnos salvo alguna ventana donde se prolonga el abismo y el equívoco —me torturás cada vez con eso del rescate del folclor nacional con  eso de las complejidades de la oferta y la demanda odio las nimiedades de la claridad hurgo por si acaso en la salmuera en las fotografías ensimismadas de la publicidad aguardo sin codicia ésta es de otros de otros la fuerza descomunal para vaciarme ¡qué extraño es el lenguaje! soy solo animal acechando en los alrededores del aullido soy solo mercancía en el ático de los periódicos y las revistas supongo que es divertido fomentar el pánico y fruncir el entrecejo al final siempre es cómodo hablar de la dignidad humana increíble incolora a decir verdad todo tiene sentido del humor en realidad son extraños los simbolismos lenguaje…
Barataria, 29.X.2014

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