viernes, 26 de diciembre de 2014

HORA TARDÍA

Imagen cogida de la red




HORA TARDÍA




Hoy envejece la noche en el aliento; bebo la cripta en un vaso de navajas.
El aire de la muerte siempre espía la puerta; el aire de la vida, parpadea inoíble.
Indudablemente hay hondos jazmines en la brizna y aguas del absoluto a punto 
de caer en la fosa del calendario. (Un día soñé que jugaba como los pájaros.)
Ya todo cerrado en el reloj, la realidad ahí, abierta al firmamento.
En mis propios exterminios, la caverna aligera mi pálpito, todo lo humano
que me queda entre ansiedades y delirios.
Nunca hay calma sino este grave murmullo de los muertos y el desamparo.
Redonda la luz destruida de los minutos; obstinado lo inútil y lo áspero.
Ninguna pupila deja instantes eternos sobre la piel, salvo el herraje que marca
indeleblemente como los barcos rotos que nunca alivian el alma.
(Todo es cierto como los trastos sucios en el poyetón de barro.)
Dentro de la noche caben todos los sofocos: la hora cero que aprieta la garganta
sin mediar palabra. La hora final del lenguaje. Lóbrega permanece la infancia,
y la queja que respira en la Nada.
En el féretro, el regocijo del escapulario y su sabiduría sempiterna.
Barataria, 24.XII.2014

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