viernes, 16 de enero de 2015

COLILLAS

Imagen cogida de la red




COLILLAS




(Al otro lado del andamio de las colillas, la noche perforada del sexo
y los sombreros y las esquinas de un balcón donde cruzan suicidas las pupilas.)
Por si acaso, me pierdo en la multitud de calles y alfileres oxidados.
Me pierdo en la jerigonza de las arrugas, en los mismos cadáveres del discurso
oficial con servilletas repugnantes a cucarachas y perros lamiéndose
desmesuradamente y las semanas con calcetines rotos y zapatos prestados.
Conmocionan ciertos banquetes alejados de axilas y excrementos: el último
capricho es la comida voluptuosa
entre jardines y no en los ojos avergonzados del suburbio.
Me llueve el revés agonizante de la saliva y los días postreros al vómito.
Las colillas fermentan la telaraña de la saliva y agitan deliberadamente el humo
hasta solo dejar ásperas manadas de espacios indefinibles.
Bulle el mundo como un pez agonizante en medio del asfalto.
Siempre es extraño el paisaje gris de los vacíos y la costra que queda
en los dientes después de masticar la cama dura del paisaje.
En la delgadez total del abandono no tienen importancia los catálogos,
ni el epitafio de ceniza sobre el césped, ni la propaganda que tiembla
en la boca del filo de madrugada de los cementerios.
Barataria, 12.I.2015

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