jueves, 19 de febrero de 2015

AL BORDE DEL CAMINO

Imagen cogida de la red




AL BORDE DEL CAMINO




Al borde del camino, (vos) gritando en mi propio silencio: se agolpa el polvo
y el fervor de los espejos. En el aliento, la hueste de alfileres de siempre.
Sobre el guijarro el imposible susurro de los miedos.
Duele, —he dicho—, la estación del aliento sin emolumentos (despertar 
en los ojos del absurdo, entre el quinqué colgando de ciertas aberraciones: perdido
en un antro de dientes, como animal de extraños huesos.)
Allí bailan los espectros un crepúsculo de demencias, un vago horizonte
de ciegos, un éter de acuchilladas sastrerías.
¿En que otro lugar gravitan los tejados? ¿En qué vaso ésta sinfonía sicótica
de apagar las esquinas del polvo con el vómito?
—De cierto, habrás de masticar la telaraña y su telar de saliva impura.
(La noche, sin pájaros, me ofrece su sexo.)
No tengo otros haberes, sino estas larvas que seducen mi carne:
siento sus torpes caricias, la sed que me provocan los zapatos del poema.
Antes nunca entendí el pájaro del reloj y su asedio de minutos…
Barataria, 01.II.2015

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