domingo, 22 de febrero de 2015

ALDABAS

Imagen cogida de la red




ALDABAS




Ciego de aldabas, no existen llaves que deletreen nombres, ni alas
con su absurdo de éter, ni bocas tempranas para que muerdan la ceniza.
Solo hay travesaños que supuran en el aliento e infinitas calderas de cuerpos
oscuros: toda la penumbra cabe en la senectud de la herrumbre.
—¿Qué esperas de mí cuando ya voy cansado de zapatos, cadáveres, poemas?
Espero que nada, pues todo en mi es lápida.
Todo es demasiado para mis ojos, los ruidos, la piedra de la ropa sucia.
¿Quién entonces sobrevive a la bestialidad de las paredes?
Encima de mi lengua el renacuajo de las ventanas, la voz rugosa de ciertas
promesas, el callejón del pálpito perdido en la lluvia.
(Vos) caminando a solas por la Prescott road o la Orangeburg avenue.
Yo, acaso, con los ojos vacíos, absolutamente vacíos después de acumular
candelabros en los estacionamientos.
Parte de mis zapatos ya no existen en un país sin palabras.
En la pezuña del recuerdo, esculpido el barranco de los dientes y la sombra
del perro con su lengua de pantano. (De cuántas letras está hecho el grito?
¿Cuántos gallos serán apedreados a la hora del crepúsculo?
Sólo quiero entrar sin somnolencias ni escalofríos. Entrar en lo absurdo)
Barataria, 06.II.2015

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