domingo, 1 de febrero de 2015

ANTILÓGICA

Imagen cogida de la red




ANTILÓGICA




Me muerdo los calcañales como un asceta en este tiempo de infortunios.
Ningún antídoto me lava las manos después de tocar la ceniza del crepúsculo.
La orfandad tiene su precio: uno aprende a sobrellevar la joroba que se tiene
en el aliento; el insomnio, a menudo, es la noche procurando ser ventana.
Por disímil que parezca, un escapulario hace las veces de pañuelo.
El mañana, sin duda, es un barco de dudosa procedencia: uno ignora si será
espuma o simple peñasco. (Por cierto, algo de esto, ya lo dijo Sócrates.)
Barataria, 13.I.2015

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