domingo, 8 de febrero de 2015

RELIEVE DEL VACÍO

Imagen cogida de la red




RELIEVE DEL VACÍO




Me quedo en esta orilla del fuego para gritar todas las culpas y los ataúdes
de rostros vacíos. Ignoro si la sal es un destino como lo son los pájaros;
existen, ahora, pedazos de bocas en mi aliento,
brasas que aúllan como una vieja nodriza y delirios a imagen de las alimañas.
(Ante el verdugo, uno siempre está indefenso: me hace sangrar el ritual
de las agujas, esos demonios insaciables que se nutren de la arcilla.)
En la calle siempre avanza el aleteo de la ceniza, los miedos a ciertos trajes
funerarios, lo incierto que resulta la cobija frente a la ráfaga.
Alguien celebra el luto.
Alguien organiza la herrumbre como panadería y escarba en la nostalgia.
Alguien espía el infinito para convertirlo en guijarro.
Alguien nos abraza con el traje de la mendicidad y arroja nombres al vacío.
Alguien, en fin, nos encamina hacia la piedra amarga del ascua.
Nos duele el relámpago y esa lápida de la peste…
Duelen los dedos amarillos de los hangares, la paz negociada de la espuma.
Duele el candil del alba con su diáspora, la respiración del hollín en el viejo
horcón de la garganta: nos harta el buzón sin luciérnagas y el bolsillo
sin solvencia de las brújulas. Supongo que la avidez siempre está en tránsito.
Barataria, 20.I.2015

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