domingo, 1 de marzo de 2015

FAROL

Imagen cogida de la red




FAROL




En la circunferencia de la niebla, el pájaro de la asfixia en los faroles del ojo.
En los dedos de la decrepitud mueren los relojes.
Ahogados los cuadernos del alba emigran irreconocibles los epitafios.
Ahí en la semana y diferencia de la sombra, el aliento que no admite relevos.
Y sí el eco y la otra calle donde impera la opulencia y la luz de bengalas.
Revivo en cada despojo, la paradoja y la falacia, la distancia que existe del tren
al atropello, de la hoja seca al paraíso.
Todo credo nos revela ese fango de cruces y alquitrán.
Todo símbolo es una careta que puede alquilarse: en nombre del sueño,
la hipnosis colectiva de la providencia; luego la inminencia que ejerce el altar
del fuego en las costillas.
¿A quién alumbran los ángeles de las sortijas? ¿Quién deshace el nudo ciego
de la obediencia, la falaz utopía de la distancia, cuando el abrigo de la niebla
consume la totalidad del aliento? El subconsciente es otra cosa.
Llevamos distancias rodando en la botella de mar.
Ante el casco del precipicio no sirven los afeites, ni la eternidad, ni el poro
del capullo, ni la integridad: solo queda el estiércol en la columna del alba.
Entretanto, busco el atajo, para salvarme de esta oscuridad atávica…
Barataria, 15.II.2015

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