jueves, 5 de marzo de 2015

PRETÉRITOS

Imagen cogida de marialuisasantos.wordpress.com




PRETÉRITOS




En el hueco de los pretéritos suele prolongarse la hoja o la escama de la última
cena; el tiempo que aguza el frasco de los analgésicos, nos muerde cuerpo
y alma, y las cicatrices de nuestras interlocuciones.
Quisiera que hubiese testamento para la sonrisa. Un pájaro interminable
en vez del odio, un calendario sin vencimiento para nuestras manos.
(Amanecen los días con los ojos abyectos de la geografía, huecos de íntimos
ojales y marchitos crisantemos sobre los paraguas.)
Quisiera aprender de los trenes esos largos rieles de perfumada madera.
Pero no hay hipótesis para los faroles de auxilio del alma.
Ya no hay fiebre, sino admoniciones.
Innumerables cataratas de pañuelos invaden el subsuelo de la conciencia.
De niño leía el disimulo salpicado de innumerables oasis. Había un alfabeto
de aprendiz de submundos, y mucha brisa para esparcir los sombreros
alargados en mi rostro.
Quisiera que hubiese testamento para la mesa llena del pálpito y no semanas
enfermas y espejos trizados y calcetines y abrigos impecables.
Ya hace tanto tiempo que el horizonte tenía estatura: hoy es la mueca feroz
de esa larga retórica de la complicidad y el caos.
En la última noche de la ternura, las axilas de una habitación con asesinos.
Barataria, 20.II.2015






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