sábado, 7 de marzo de 2015

RAMAS

Imagen cogida de la red




RAMAS




Ante el sobresalto del ojo sobre el pétalo, muerde la rama del presagio.
¿Quién olvida estos parajes abiertos al aliento? ¿Quién huye de su inquietud
marchita? ¿Quién pinta o dibuja el paraje infinito de la saliva en estos días
de hipnosis y tempestad?
A veces hay necesidad de podar el fondo de los ojos o la memoria.
Hay vientos que son la luz del tiempo.
Toda puerta está sujeta a los torbellinos gratuitos de los oráculos.
Aúlla la distancia y la sombra depredadora de la insinuación y la medianoche;
Alrededor, el páramo se aferra a los semáforos, —días de evidentes sepulturas,
como esa zona vacía que se escancia en la noche del sinfín.
El tiempo siempre nos alcanza por más distancias. Crece la asonancia de la hoja
seca del vuelo; juegan los exorcismos una eternidad en el alma.
Mientras la historia se hace polvo inexplicable, la astilla y su afanada faena:
el horizonte que nos muerde, ciego, de abismos y porfías.
En el juego del otoño, flor y hojas, hendidas por la grieta del granito.
Barataria, 21.II.2015

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