miércoles, 1 de abril de 2015

ESTANQUE DE CIPRESES

Imagen cogida de la red




ESTANQUE DE CIPRESES




Cada luciérnaga muerde los estanques del sueño, allí el ciprés con su misterio
sonámbulo, aprendiz de incendiados aromas. (Uno se queda estupefacto ante
el crespón de las palabras, ante los quejosos dramas de los sobrevivientes.
Olvido que los pájaros vuelan hacia el olvido, hacia los ataúdes de un gemido
líquido. Olvido que los peces bracean los andrajos de la noche
y que en la gota de sexo, viajan los trenes consumados del calendario.)
Allá en el abandono de las aguas, muere el tiempo y sus calles profundas.
No obstante, se aprende la sintaxis de la luz y sus cavidades infectadas.
En los tantos cáñamos de la penumbra, el matorral de los ijares,
y esos viejos deseos inacabables de la deshora enredada en las manos.
¿Cuántos estanques se necesitan para ahogar todas las sombras del planeta?
¿Cuántos cipreses conjuran las ojeras del antifaz?
Sólo queda en la memoria aquel olor primero de los sentidos.
Es unánime la hoja que cae sobre el césped, la hoja derribada de la infancia,
el manotazo del aire en nuestra boca. La voz que se desgarra.
Dentro de la fosa, los juegos del olfato y su destino irrestañable.
Por ventura, se ahoga el ijillo; pero me queda el zumbido quebrado del frío
y el latido de los trenes que van en la piel o la garganta.
En aquel estanque de cipreses de mi infancia, las raíces ciertas del destino.
A través del aroma, uno aprende a leer la escondida palabra de la intimidad.
Barataria, 22.III.2015

No hay comentarios: