viernes, 17 de abril de 2015

MADERA PODRIDA

Imagen cogida de la red




MADERA PODRIDA




En el amanecer innumerable del alba, el puente colgante de los párpados
y esas otras mendicidades que florecen en las aceras. Y ese rescoldo de alegrías
fenecidas: despierta en la muralla del tiempo la madera podrida del aliento,
las palabras obscenas del sueño o los miedos,
la fuga del eco de los huesos,
el imposible rostro regado en el surco. (¿Hacia dónde van con obstinación
los pedazos de la noche, y ese juego de insospechadas aldabas?
Jamás he podido entender los juegos sucios del poder, el eco de la chicharra
fustigando los sentidos, la semilla ardida sobre el granito.
En la rama muerta se extravían las calles amarillas del pánico.)
En medio de las siete plagas del desastre, el vinagre ahoga cualquier atisbo
de claridad; después, —entre señales y señales—, el viaje inhóspito
de las anclas, los días de asueto enrarecidos.
Remontando lo maduro de la madera, el viento remueve la polilla de las manos,
flotan las imprecaciones, el aullido quemado del desencanto.
El país es sordo en lo alto del suspiro.
Espero no entrar a los sueños macabros de la deshora, ni al Gólgota enlutado.
Ahora es torpe el árbol cubierto de niebla; sentida la espina.
Desconocida la almohada y la lluvia de telarañas en los periódicos, es fácil
morder los condones que cuelgan de sombreros siniestros.
En el discurso de los relámpagos, todos los manuscritos rotos de los bolsillos.
(Quizá un día me enamore del paraguas de hollín que cubre la sombra de mi patria.
 Quizá un día después de cantar y reír.)
Barataria, 11.IV.2015

No hay comentarios: