domingo, 5 de abril de 2015

PONZOÑAS

Imagen cogida de la red




PONZOÑAS




En la insidia de los espejos, la saliva tóxica sobre el estercolero de las calles;
rotos los drenajes de la ropa, la demencia amanece ardida en sombras.
Ningún abrevadero es inocuo ante las abiertas esquinas del degüello. Nadie.
Ningún cristal es transparente por completo: lo dicen el ojo y los dientes
ante la amenaza y el gruñido fiero de la historia.
Ninguna herida se cura masticando cielos, invocando santos y escapularios.
(Hay almas todos los días al filo del hambre como las inmundicias del fin
del mundo; en el rocío también es interminable la materia descompuesta.
¿Quién tiene la autoridad para deshacer el oprobio y la intriga y el drama quejoso 
de las tumbas? ¿Quién sobrevive a sus sueños?)
Ante la doctrina incierta de las tormentas, los balcones como puñado de ceniza.
Cada quien juega, sin saberlo, al mercado y al ahogo de estas viejas semanas.
En el camino la pupila con su candil de historias: ella es camino.
Las aguas irrespirables nos devoran; el falso conjuro de la paz nos asfixia.
Todo es tan vacío como el guacal de la mesa del pobre.
Aquellas dádivas sólo fueron ataduras, otro infierno mortecino.
Yo hace tiempos morí en esta expiación: y pagué con otros infiernos, y pagué
hastiado de polvo y saliva y de mendicidad sin ninguna moneda.
¿Quién evoluciona en el áspero disfraz de este tiempo?
—Ante el espejo, la soga alrededor de la garganta. Ya hay cansancio…
Barataria, 30.III.2015

No hay comentarios: