sábado, 16 de mayo de 2015

LENTOS HUESOS DE PÁJAROS

Imagen cogida de la red




LENTOS HUESOS DE  PÁJAROS




Llegada la oscuridad y el cansancio, habita en los juguetes el pájaro de lentos
huesos, las turbias ramas del insomnio, los ojos agolpados de la roca.
Sobre la desnudez doméstica del azúcar, el excremento negro en las paredes.
A cada momento reconozco la explosión de huesos y la carne que se rompe,
toda, entre los cuchillos minuciosos que deambulan en las calles.
¿Dónde encontramos un estertor de alegría?
¿Qué muerte súbita nos vacía el pecho y los miembros dolidos de párpados?
Siempre es triste la pupila en el vasto dominio de los huesos.
Viven repartidos entre las piedras con ese lamento de soledad antigua:
aquí o allá, el destello del miedo, el galope de la noche donde los chiriviscos 
socaban el aliento y la sangre coagula los fragmentos de las semanas.
Uno no sabe si irse o quedarse después de retorcer la ceniza entre las manos.
—Pienso que es necesario caminar sin ser visto.
A diario repaso las aceras para perderme, sin consecuencias, entre borrachos.
Ahora los vacíos tienen sus propios protocolos: allí, cada minuto es estallido.
En el escapulario de las profecías, no se habla de estos desfiladeros.
Uno aprende pronto de la tinta ilegible que corroe la garganta: siempre se salen
los ojos de su olvido, de la boca, del infierno que abre los pulmones,
o de la sepultura que desespera en nosotros.
Mientras cubre la razón mortuoria, nos enluta la ráfaga y el despeñadero.
Barataria, 13.V.2015

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