miércoles, 20 de mayo de 2015

MESA AGÓNICA

Imagen cogida de la red




MESA AGÓNICA




Es extraña y agónica la mesa cuando sólo atesora lejanía de platos y cucharas.
Sobre todo cuando crecen los discursos y la espera relampaguea amordazada
de negras gargantas y mutilados sueños.
El tiempo hace más prolijo el hambre mientras el reloj muerde las palabras.
¿Qué come el hambre en un lugar siempre vacío?
No conozco otra sombra sino esta medianoche de muerte y jauría.
(Siempre existe alguien que se come el sinfín, la mesa y los rostros que la velan;
siempre desde la almohada el plato de lo imposible, las paredes derribadas
de la sed, los fríos en la viga de la jornada.
Siempre el espejo insiste en este olvido petrificado de la voz.)
En lo invisible del abandono, únicamente los cirios y el harapo en las manos.
Siempre nos han llovido los vacíos sobre el taburete que nos espera
como ataúd; frente a nosotros, las paredes obscenas con rostros, máscaras
y grafiti. Siempre infatigable de polvo la caravana de crepúsculos presentes.
Debajo de la mesa la batalla irreversible de los zapatos.
Nos jugamos la vida a nuestra propia suerte. El alba es sólo fuego fugitivo.
A veces resulta indigno, la sobra humana en el grito, los horizontes abstractos,
la sola palabra irreparable en la boca.
¿Contra qué hipo nos defendemos? El día ciego, inasible, como el mapamundi
de la noche. No hay ni periódicos de alivio para masticar la ansiedad,
ni vidas reales en el paladar, ni salvavidas antisepulcrales…
Barataria, 16.V.2015

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