lunes, 1 de junio de 2015

BALDÍO DEL PRESENTIMIENTO

Imagen cogida de la red




BALDÍO DEL PRESENTIMIENTO




En las afueras donde la noche extiende su paraguas negro, el aire viciado
de los vértigos, los presentimientos al borde ebrio de los baldíos: revelada
la intemperie, nos quedan los túneles de la nostalgia, las líneas
de herrumbre de la materia, los tropeles huecos del relámpago y esos
latigazos del enjambre como huesos arrebatados al paisaje.
(En el disparo envenenado de las sonajas, cada quien incinera su natalicio;
hay que ver y oír el chorrito de saliva cayendo en el brasero de las luciérnagas
como el parpadeo herido de los espejos colgados de la pared.
Mientras me despido de mis colillas, queda pulverizada la incandescencia.)
Ante lo inminente la ceniza postrera de las banderas.
Nadie se conmueve después de todo: la muerte, el humo ardido en los poros;
Hoy, toda agonía es predecible; juego, sin embargo, a los días con ventanas.
Siempre la sospecha está latente de que la ciudad se derrumbe.
No es fábula ni leyenda despertar en la tinta china de la salmuera: respiramos
cada día, esta suerte de modorra,
los travesaños enjutos del horizonte, el reguero de sombras hundidas
en el aliento, la embriaguez total por lo inhabitable.
Existe un sino de cementerios fraguados en medio de la zarza; al rostro
desahuciado, lo tiramos en parvas carbonizadas: desciende el tiempo en gotas
de sal. Ante cada ojo, el ojo que no ve los zapatos funerales de la perversión.
Siempre esa sensación de caminar a la deriva en un mundo de escarabajos.
Barataria, 30.V.2015


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