domingo, 7 de junio de 2015

CAVERNA SUBURBANA

Imagen cogida de la red




CAVERNA SUBURBANA




Vivimos en una especie de caverna suburbana con los incendios propios
del asfalto, con el aliento exhausto y extraño de adobes con mensajes siniestros;
el pellejo nos deslumbra como una pintura al óleo en medio del vómito
o la baba, o la furia de rostros inimaginables,
o los abismos que tienden a ser espejos de máscaras imaginarias.
Deambula el miedo por calles y esquinas, desembocan sueños y edades de luto,
gotea la herrumbre su abrigo siniestro: ciego de respirar escalofríos,
me refugio en otro confín no menos siniestro que los vacíos.
(Mientras la evidencia no extraña a nadie, descorre la tortura con su peculiar
traje de noctámbulo. Se arquean los atrios de la ansiedad, nos estruja el eco
de los tantos mensajes en las paredes,
nos susurra la fatalidad en los costados, crece el rapto como devoto espectro.
La noche nos deja sentir su aroma de paraíso fenecido.)
Medio mundo actúa en absoluta flagrancia. Desde la gota de sangre, exasperan
las ventanas, el follaje convertido en zanja y los huesos que hoy no dejan de ser
madriguera de otras palabras derruidas en el aliento.
En el semen de la muerte, los alelíes en pedacitos de ceniza.
En los zapatos las manos rotas del duelo, los adoquines salpicados
de ejecuciones: así suceden los días anónimos que se quedan en el presente
de la conciencia, los días no absueltos en esta caverna de universo fatal.
¿Quién nos salva de esta sombra, de estos lugares decapitados? —Hay nombres,
cuervos, grises, que nunca alcanzarán el olvido.
¿Cuándo dejaremos de desaparecer? ¿Hacia dónde huimos, si también existen
otras lejanías muertas, otros vertederos tan siniestros como el nuestro?
Barataria, 05.VI.2015

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