sábado, 13 de junio de 2015

Imagen cogida de la red




AHOGOS




Nos harta el miedo y la niebla, el tatuaje inmóvil colgado de la pared,
el país ambiguo y atroz del sonambulismo, la palabra rota en las alas del polvo.
Nos harta el pájaro colgado al crucifijo, el hueso helado del dolor.
En la memoria ya sin forma los espejos, vacío de ataúdes el silencio, el viaje
que nunca acaba sino en la fosa, en el cascajo carente de niños.
En la ráfaga o el luto veo mis sueños, los anillos de los sueños y los cuchillos,
las cuevas que el rocío forma en el paladar,
las malignas aldabas del hasta cuándo, del hasta dónde del cansancio.
Nos harta la escuela mortuoria con su podrido alfabeto de mortajas.
Galopan en la garganta las sepulturas, y las regiones oscuras del desencanto.
Nos buscamos en la sorda tiranía de los huesos: hiede la boca de los sombreros
del antro, el tamal pisque aplastado por la tristeza.
Muerden los charcos de sangre el trajín de las carretas hasta la leña desbocada.
(Nos harta la sombra roedora de nuestra sombra, el que espera al verdugo
y desaparece, el país de traje, el país del falso entusiasmo, el país del testaferro,
el país del acólito, el país de protocolos plenipotenciarios,
el país inconcebible de manos,
el país sin apellidos y de muertos en el anonimato.)
Por si fuera poco, muerde el pez redondo de las monedas, la piedra molida
del infierno, la mortaja multiplica de las hamacas en plena chimenea del ojo.
Ante el ahogo de las semanas, ya sin anteojos, el mapa de las ojeras.
En la lengua bípeda de las tijeras, agoniza también en infinito de las sastrerías.
Barataria, 11.VI.2015

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