lunes, 29 de junio de 2015

MEMORIA

Imagen cogida de la red



MEMORIA




Desde la pila bautismal la fantasía del agua bendita, los recuerdos, después
de todo, en las pupilas: solo es posible ver las distancias que se miran
desde la alta desnudez de la tormenta.
A uno, de pronto, se le escapa la luz de los sentidos, —quedan al margen
los cansancios, las escrituras quemadas del aliento, los mausoleos como cicatriz
en el entrecejo de estas confluencias que arrastran los paraguas;
en mi orfandad fui hecho para recordar las alambradas de la queja.
(La vida es una antigua querencia que no siempre nos lleva por el camino recto; 
sobre esta certidumbre, se condenan o absuelven tantos nombres.
Por si acaso, apuro el andado no sin recordar los puentes oxidados donde estuve
hasta el día en que cambió el sentido de mi vida.
Y entonces el sonido insistente de la noche con sus comensales atroces.
Recuerdo los matorrales y esa oscura hambre de los azadones.
Era mayo y la vena abierta de los espejos y las osamentas de las colillas.
Desde lo remoto del subsuelo, el alma avanza en su quemadura:
todo es eternamente memoria, aunque unos acaben muriendo sin nombrarte;
en esta necesidad de respirar la tierra, no tiene cabida el olvido, ni los resortes
del moho en el umbral de universo.
La noche, al caer, baja su telón de escarabajos; la memoria, a su vez, escribe
su diario en medio de las cerraduras del brebaje semidesnudo de la rosa.
Barataria, 25.VI.2015

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