miércoles, 1 de julio de 2015

INÚTIL TIEMPO

Imagen cogida de la red



INÚTIL TIEMPO




Si acaso, el recuerdo de las alas y esos retratos lejanos de la infancia.
Ahora sé que el tiempo mata, no solo es un muestrario de adioses y fangos.
Toda la voz se ha vuelto inútil en la ortopedia de los pañuelos.
Arde a destiempo el aceite, las falsas historias subastadas en azoteas.
Nada queda sino el horror y lo ahuecado en el trasfondo del aliento.
Porque todo fenece, exhausto, en la garganta.
El tiempo lo único que hace a menudo es alargar la ceniza en los sentidos.
Todo el sueño errátil, como el aire gangoso en medio del escombro.
Un instante resulta ser un designio en la amarga materia de las luciérnagas.
Después de todo, el tiempo nos cambia de ungüento y rostro.
Debajo de la piedra estalla el submundo de los dientes de las sombras.
Jugamos al escalofrío de la esperanza, pero está castrada.
Sobre el ronquido de los rieles, mi cuerpo oscuro de telarañas: (Al final, todo
resulta inútil, de poca importancia, insignificante, —uno deshecho en la dureza
del polvo, entre bichos y jaulas de otro mundo.
En cada paso, el filo del tiempo, ese río de la conciencia a la deriva, ese no ser
nada es un espacio negro o blanco.)
Ante el designio de la Nada, la voz, el cuerpo: no se guarda la herida ni el bulto,
ni la pequeñez o grandeza del abismo. ¿Para qué entonces los días
y la modorra, si estamos destinados a ser Nada? A ser nada, o historia
de otros: a no ser regazo, si acaso, sombra…
Barataria, 28.VI.2015

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