miércoles, 15 de julio de 2015

MUESTRARIO DEL OLVIDO

Imagen cogida de off-camera-flash.com




MUESTRARIO DEL OLVIDO




El olvido se ha hecho de tantos fríos, de tantos harapos necesarios. Hartazgo.
Desfiladeros. Las estanterías de la desmesura, muerden, casi inmóviles las alas.
Siempre sobran diferentes maneras para inclinarse y responder al mundo.
A menudo en el lecho uno aprende la lección de todos los incendios.
Ahora la noche es un montón de estrellas opacas.
Una palabra o el eco de la misma, puede oxidar los aleluyas, la herrumbre
del descolor, los clavos del susurro,
o el carbón envejecido de puertas. (Existen maneras sutiles de cultivar la ceniza; 
cielos sepultados o sumergidos, primaveras subterráneas, lámparas
espectrales sin heráldica: con tu antigüedad de huesos, nada dejará 
de ser olvido, ni fructuoso campanario.
Duelen todos los atavíos condenados al estupor. Duele el talón de sal y el repique 
de rostros como funesta proclama.)
De los tiempos vividos, solo la furia de las tumbas, el esqueleto amarillo
de las sombras, el quinqué apagado de las palabras, el bozal
a la altura del cactus, los andamios flotantes en la inminencia de los imanes.
Uno acaba por consumir todos los pájaros.
—Vos lo sabés después que la espiga se ha convertido en polvo.
Moriremos marchitos de horas; moriremos de bocas sin nombres; moriremos
vencidos de mástiles, en la carne inevitable del olvido, en la delgadez del hilo.
Entre el papel y la tinta, hay largos pastizales de epitafios…
Barataria, 11.VII.2015

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