lunes, 13 de julio de 2015

POLILLA

Imagen cogida de la red





POLILLA




Sueñas discretamente a la orilla de la madera con polilla; le digo a los tiempos
que ya se fueron: camina el mundo en la sombra de los neumáticos,
mundo al fin, oscuro en las axilas, en el aliento embozado  de tantas y tantas
depredaciones, me preocupa el ajo hasta el cuello del paraguas,
me corroe la niebla titánica, lenta, sobre la rama del agua y su consecuente
fábula de húmeda moraleja.
Me mata el plato vacío en los párpados del sueño.
En el pilar arqueado del horizonte, el imperio amarillo de lo irrestañable,
o los perímetros de tizne, o los árboles aferrados a la nada.
Sin saber a dónde colocar mis harapos, todo el peso del vendaval en mi cobija.
Cuando llegas al corazón de la madera, se vuelve hipnótico el territorio
y visible la concavidad del luto.
Y visible la liturgia y el coro del hambre sobre el vacío que va dejando la avidez.
(Si algo corroe la entraña es esta podredumbre de estertores gastados;
si, después, el paladar se torna objeto innombrable, palabra del tartamudeo,
o simple infortunio donde ya nada arde.
Ahora son visibles todas las fisuras: el encaje desvanecido entre las manos,
las fotografías fosforescentes del aliento, el largo ciempiés del follaje.)
—Vos, no te inmutás ante el ojo abierto de la página, el polvillo chirriante
de las vigas, el difícil dolor de los cuartones.
La memoria es una sombra que nos quema la respiración…
Barataria, 09.VII.2015





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