martes, 4 de agosto de 2015

CAMINOS TRANSITABLES

Imagen cogida de la red




CAMINOS TRANSITABLES




Tras los absolutos del viento, ¿cuáles son los caminos transitables que rodean
el porvenir, los tiempos despejados para el galope, los instantes ardientes
de las palabras? —En el rescoldo de las manos y los pies, la ceniza insólita
de tantos nombres, el frío inevitable como una espina que muerde
frenéticamente la memoria.
En cada precipicio hay nombres sumergidos; las formas del vómito tienen
sus propias cronologías, ese dardo que atraviesa el aliento y lo deshabita.
Siempre la vigilia me lleva por esos caminos donde nadie transita: ésos son
mis caminos transitables, los absurdos a punto de ser árbol,
los párpados colgando de la rueda del grito,
o la sombra que relampaguea debajo de mi cobija.
El asombro o la ternura nada tienen que ver con el espejismo: despierto
en los desniveles de las veredas líquidas, junto al zumbido de tanta vena rota,
(el instinto de supervivencia es oportuno) ante tanto suicidio.
A veces me extravío, —claro—, en medio de tantos caminos ensimismados:
memoria, deseos, silencios,
caen al cántaro del vacío, a esas máscaras inexplicables que nos sorprenden 
cada día con todo y su vértigo de humo.
Nunca el ojo es indiferente a las tormentas. Nunca la agonía deja de ser 
relámpago o piedra en el zapato, o hueco salido de algún cuerpo.
Ante la monotonía de la propia herida, quizá la risa agite las telarañas…
Barataria, 29.VII.2015

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